Analistas 30/03/2026

Sin política cafetera

Guillermo Trujillo Estrada
Analista cafetero

La característica del actual gobierno ha sido la ausencia de política cafetera, tanto en el plano nacional como en el internacional.

La embajadora de Colombia en Londres -en un acto sin precedentes- resolvió que asistiría en representación de Colombia a la reunión de la Organización Internacional del Café, relevando al gerente de la Federación Nacional de Cafeteros que, desde la creación en 1963, ha presidido la delegación en su calidad de embajador plenipotenciario otorgada por decreto presidencial en cumplimiento del acuerdo ratificado por el Congreso, como todo tratado internacional, por ley de la República.

Parecería una represalia al gerente del gremio -que también ha desconocido la autoridad del gobierno en el diseño de la política cafetera- en decisiones fundamentales con recursos del Fondo Nacional del Café y según afirman, menospreciando el papel del asesor cafetero, un cargo creado en el contrato de administración desde 1989, que ha sido fundamental para la coordinación con todo el gobierno.

Para Petro la política cafetera ha sido poner palos en la rueda a la organización, con discursos sin sentido sobre el comercio internacional del café; nunca coordinados con la institución que por esencia ha sido la cuna de la diplomacia internacional, que logró construir y mantener por cerca de 40 años el pacto cafetero, fuente de recursos del progreso nacional durante ese periodo.

Pero en lo nacional no ha existido política cafetera. Más bien ha renunciado a la concertación pactada en el contrato y, con su inasistencia al Comité Nacional ha incumplido a los cafeteros, optando periódicamente por insultar al gerente y a la FEDECAFÉ, e impulsado a diferentes entidades del gobierno para promover organizaciones paralelas y fraccionadas, despilfarrando recursos en programas sin orientación, duplicando esfuerzos.

Para fortuna de la organización cafetera, después del ministro Ocampo, el gobierno no ha contado con funcionarios expertos en asuntos cafeteros, que les hubiera permitido orientar y concertar cambios, como los que siempre requieren las organizaciones, pero los funcionarios que lo han intentado encontraron un gobierno que involuciona -también en temas cafeteros- y una dirigencia del gremio resistida al cambio.

Por ejemplo, las medidas de profundización de la democracia cafetera pudiesen haberse discutido en la negociación del nuevo contrato de administración, para incorporarlas en los estatutos y ponerlas en vigencia en las elecciones del gremio que ya fueron reglamentadas para el mes de septiembre.

Así mismo, un gobierno serio, corresponsable del manejo de los recursos del Fondo Nacional del Café, exigiría al administrador la publicación de los informes financieros en su página web, para analizar el desempeño financiero, y así los federados conocer el déficit de los últimos años.

Por lo pronto, Laura Sarabia no contenta con haber tumbado a Roberto Vélez de la gerencia en el año 2022, ahora, por primera vez en más de sesenta años, releva al gerente como jefe de la delegación colombiana ante la OIC. Todo esto sucedió sin que se conozca acción del doctor Bahamón para defender el fuero internacional de la Federación de Cafeteros y su función de líder de la política exterior del café; tan sólo se limitó a informar al Comité directivo sobre la decisión de la embajadora.

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