Cuando el presidente J. Monroe declaró en 1823 que intervenciones del viejo mundo en América serían inaceptables para EE.UU. la economía americana estaba en formación. Se desarrolló con la expansión hacia el oeste desde la costa este, donde estaban las 13 colonias que declararon independencia de Gran Bretaña en 1776 y se organizaron en Filadelfia en 1787. Creció muy rápido durante el siglo 19, en particular después de la guerra civil (1861-65) y la abolición de la esclavitud en el sudeste, con los beneficios de libre flujo de bienes, capital y mano de obra, una sola moneda y democracia liberal.
En la guerra europea participó solo desde 1917, pero impuso las condiciones del Tratado de Versalles (1919). No lo ratificó, ni se vinculó al sistema multilateral allí establecido.
Durante los años 20 del siglo pasado creció aislado de manera sostenida hasta el colapso del mercado de valores (1929) y la subsiguiente depresión, atenuada desde 1932 con gasto público.
Se mantuvo al margen de la guerra que comprometía el destino de sus afines políticos, Reino Unido y Francia, cuando Hitler invadió a Polonia (1939). Solo se vinculó a los aliados tras el bombardeo japonés a su base aérea en Pearl Harbor en diciembre de 1941. Construyó ejército de ocho millones de personas en un año, participó desde 1943 en la contienda; tuvo papel decisivo en la victoria aliada en Europa, y derrotó a Japón el Pacífico.
Tras la guerra, cambió orientación: aportó los recursos para la reconstrucción de Europa y lideró la oposición al comunismo en el mundo hasta los años 70, cuando la tensión entre las propuestas se redujo en forma significativa y el riesgo bélico se redujo.
Desde finales de los 50 ha tenido déficit de balanza comercial sostenido: los flujos de capital del resto del mundo han fortalecido el dólar para beneficio de los consumidores americanos, a expensas de sus cadenas productivas. La apertura a la inversión extranjera en China a partir de 1980 desembocó en traslado de muchas actividades.
En lo corrido del siglo 21 ha mantenido déficit fiscal creciente; los programas de inversión previstos en armas muy novedosas podrían llevar la deuda del gobierno federal a niveles difíciles de sostener. Sin embargo, el espacio político permite invocar el nacionalismo, con uso de la fuerza en el ámbito internacional y protecciones arancelarias que inducen uso ineficiente de recursos escasos e inhiben el crecimiento, en vez de mesura fiscal y reducción de deuda.
EE.UU. es complejo: suma 350 millones de habitantes con historia de liberalismo y, al tiempo discriminación racial en el sudeste hasta hace seis décadas. El nordeste, la costa pacífica y las áreas metropolitanas alrededor de los grandes lagos son muy diferentes del sur. Su sistema político, establecido hace más de dos siglos, con régimen presidencial que desemboca en subordinación del legislador a la administración, requiere revisión.
El Gobierno americano ha desvinculado a EE.UU. de muchas organizaciones internacionales, porque no las percibe como productivas; puede ser cierto, porque los países son muy heterogéneos. Eso no justificaría aislacionismo: su futuro sería mejor si reforzara su relación con Europa y Japón, quienes deben, a su vez , pagar su parte en gastos de defensa frente a sistemas totalitarios. Occidente requiere acuerdos con mentes abiertas y disposición al esfuerzo.