El papel de la banca

Gustavo Moreno Montalvo

La banca asigna el ahorro del público según las necesidades de consumidores e inversionistas. Hace gestión comercial para captar recursos y colocarlos. Por tratarse del ahorro del público, la tarea está regulada y su ejecución vigilada por el Estado. En consecuencia, la práctica bancaria es de acceso restringido, lo cual limita la libre interacción entre la oferta y la demanda. Quienes tienen el permiso para hacer banca gozan de un privilegio: el mercado es imperfecto por definición. Si hubiera competencia libre, las tasas de interés para deudores serían menores, y mayores para los depositantes en las entidades prestamistas. Una vez se tiene el privilegio, si la economía crece, los resultados serán magníficos cuando hay imaginación y método. Si, por el contrario, la economía se estancare, tenderá a declinar el cumplimiento de los deudores, con riesgo incluso para la estabilidad de todo el sistema si la tendencia es grave. Por ello, a raíz de la crisis financiera e inmobiliaria de hace dos décadas, las pautas del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, las normas del banco central y las reglas expedidas por la Superintendencia Financiera fijan muchas restricciones para participar. Hoy tres cuartos del activo bancario están en cabeza de Aval, el GEA y Bolívar, y el sector financiero suma más de 20% del PIB (en EE.UU. es del orden de 10%).

La participación de lo público no se limita a impartir normas y vigilar su ejecución. El Banco de la República, cuya misión es preservar el poder adquisitivo de la moneda, participa en los mercados monetarios con base en la tasa de intervención definida por su Junta. Bancoldex y el Banco Agrario, por su parte, atienden necesidades específicas del mercado.

El desequilibrio entre la banca y sus clientes resultaría en mayores tasas de colocación si se levantaran los límites a la tasa de interés, como se propone con el argumento espurio de que así se facilitaría el acceso al mercado para la base de la pirámide. La verdad es que las entidades dedicadas a las microfinanzas prestan en Colombia a tasa cercana a la máxima para su categoría, y que en México, donde no hay límite, las tasas son muy altas; solo actividades con rentabilidades enormes en relación con el capital invertido pueden pagarlas.

El límite a la tasa de interés es un elemento de la malla de protección que el Estado debe ofrecer a la sociedad; complementa los servicios de seguridad física, salud, educación básica e infraestructura. Protege a los ciudadanos en un negocio asimétrico. Otro capítulo que requiere equilibrio en la relación entre las partes es la protección a los usuarios en la atención a las necesidades transaccionales: no tienen sentido los elevados precios que algunos bancos fijan a las transacciones con otras entidades por los servicios electrónicos, pues su costo marginal es irrelevante y la inversión requerida para ofrecerlo es un costo hundido.

La banca bien practicada podría ser fuente de gran valor para la economía. Su capacidad para procesar información ayudaría a mejorar la productividad de la sociedad. En la práctica el propósito de integrar conocimiento para beneficio general requiere más competencia, revisión permanente de procesos y prácticas, y un Estado diseñado de manera menos inadecuada, idóneo para ser interlocutor del sector bancario en la tarea conjunta de impulsar el desarrollo integral del país.

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