Analistas 11/06/2022

La educación básica y media

Gustavo Moreno Montalvo
Consultor independiente

El propósito del proceso educativo es el aprendizaje de los educandos a aprender. Para su cumplimiento se requiere que los docentes aprendan y apliquen lo aprendido. El propósito debe ser transformador. Para hacerlo eficiente se requiere un conjunto de reglas claro y dinámico. Para aprovechar las oportunidades que ofrecen la ciencia y la tecnología y además evitar la materialización de amenazas por automatización se necesita buena educación para todos, a lo largo de toda la vida. Los padres de menores también son docentes y educandos: deben asumir sus responsabilidades en lo primero para impulsar el proceso de sus descendientes y en lo segundo para preservar su capacidad de generar ingresos. Esta consideración tiene importantes implicaciones prácticas: todas las instituciones educativas deben ser buenas, la cobertura debe ser plena, los establecimientos educativos deben quedar cerca de las residencias de los educandos para que los procesos cobijen toda la vida de las personas con eficacia, y la tarea debe ser pertinente para el aprovechamiento de las ventajas comparativas relativas de la respectiva región. La concepción amplia del asunto obliga a descartar modelos seductores, como los bonos para libre selección de institución por el educando.

Cabe el énfasis en la población entre los 2 y los 18 años, fase en que se debe dedicar todo el tiempo a la preparación para contribuir de manera positiva a la sociedad en el futuro. En esa etapa el compromiso con la tarea de educarse debe cubrir la jornada completa, como en cualquier trabajo, y la evaluación debe facilitar la identificación de problemas y el diseño de soluciones. La temática debe abordar la preparación hacia el futuro con elementos multiculturales, y facilitar la adquisición de destrezas para el ordenamiento social y económico de la vida individual y familiar.

También exige cultivar el entendimiento de reglas básicas para la convivencia, y sentido crítico para evaluar el desempeño de quienes administran lo público y lo privado. Requiere ámbitos para cultivar el cuerpo y destrezas estéticas. Por último, debe motivar el esfuerzo. Las sociedades no están preparadas para la tarea educativa, que exige inversión pública muy significativa, pero cuya incidencia será enorme: los padres de familia serán mejores no solo en lo inherente a la responsabilidad de tales, sino en todas las dimensiones de su vida.

Fedesarrollo ha identificado grandes oportunidades en Colombia: la cobertura en zonas rurales es baja, la calidad está en declive en términos relativos según las pruebas internacionales, y la deserción es muy alta. Señala la institución que no hay currículo oficial efectivo, resalta que la educación pública es muy deficiente en comparación con la privada, e invita a tener en cuenta las diferencias regionales. Sus planteamientos merecen seria consideración. Se destaca la propuesta de formación permanente para los docentes, atado a su evaluación. Ojalá haya el giro necesario y el nuevo gobierno releve a los directivos de la Federación de Educadores de su papel protagónico en la tarea de liderar a los educadores. La organización sindical tiene papel legítimo en lo que le corresponde, pero deben ser las comunidades, los padres de familia, los docentes y, por supuesto, los educandos quienes especifiquen y ejecuten las tareas para volver realidad una buena educación para todos.

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