Latinoamérica y los nuevos retos
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La humanidad se transformó durante el último siglo: su número se multiplicó por 4, pasó de ser 75% rural a ser de mayoría urbana, erradicó el analfabetismo y se integró con herramientas de creciente eficacia y efectos diversos. Enfrenta hoy nuevos retos, con diferentes exigencias: el envejecimiento, la automatización y la gestión de riesgos ambientales. El envejecimiento está asociado al aumento la diferencia entre la vida productiva y la expectativa de vida. Requiere mayor productividad, entendida como valor agregado por hora trabajada, para asegurar la financiación de fase improductiva cada vez más extensa. La automatización, hoy asociada a la inteligencia artificial, conlleva procesar información para cultivar la identidad de agentes procesadores capaces de mejorarse para atender necesidades y exigencias según las circunstancias; exige una verdadera revolución educativa y métodos mejores en los procesos sociales, para asegurar que toda la especie se beneficie y evitar fracturas como consecuencia de la inmersión en la era digital. El asunto ambiental es reconocido de tiempo atrás, pero no se ha actuado con eficacia, porque los ámbitos de los dirigentes políticos son de corto plazo y lo ambiental es de largo plazo: exige rediseño de usos y diversificación de fuentes.
La tarea no se limita a decisiones de cada país. Se requerirán buenas instituciones públicas en general, educación universal de calidad superior a la mejor hoy existente a lo largo de toda la vida, y convergencia en valores. La dimensión de oportunidades y riesgos no tiene precedentes.
Latinoamérica no está preparada para lo que le corresponde frente a los nuevos retos. Tiene deficientes instituciones: el régimen presidencial, copiado de EE.UU. a principios del siglo 19, concentra excesiva responsabilidad en una persona y alimenta discontinuidad en propósitos y estrategias. Las fronteras inhiben el uso eficiente de recursos escasos. El mayor problema, sin embargo, es la actitud de élites públicas y privadas: hay resignación con un presente mediocre, y escasa disposición a participar como coprotagonistas en la transformación planetaria. En general, las exportaciones son de productos no diferenciados, aún desde países con orientación al comercio internacional. Las cadenas productivas suelen tener protecciones. La propuesta política fundada en subsidios insostenibles ha permeado el tejido social, en contra de la razón. Los países latinoamericanos se comparan entre sí en vez de mirar al mundo, y justifican su ineficacia con elogios frente al espejo.
El punto de partida es construir instituciones públicas adecuadas para el nuevo mundo. Iberoamérica puede integrar países con facilidad. Los linderos impuestos durante la colonia por la corona española, orientados a gestionar la minería del oro y la plata, son obstáculo innecesario, y no hay historia de grandes conflictos recurrentes. Adoptar sistema federal facilitaría un proceso rápido, pues permitiría la diversidad en lo penal. Conviene adoptar el régimen parlamentario, prevalente en los países desarrollados, con responsabilidad a cargo de quien hace las reglas. Cabría nombrar junta directiva designada por el legislador en la cúpula de la administración, en forma análoga a las sociedades anónimas con participación muy distribuida, para evitar desviaciones.
No hay desenlace inexorable: es preciso actuar.