La contraposición entre izquierda y derecha es central en la discusión política hoy. La primera cobija a quienes proponen mayor papel del estado en la economía y subsidios extensos para la población vulnerable. La segunda, por su parte, corresponde a quienes proponen un estado pequeño y los menores subsidios posibles. La discusión ideológica induce la omisión de muchos asuntos de importancia.
La política es la conducción de los asuntos que conciernen a todos los habitantes de la polis. Esta palabra hacía referencia a la ciudad-estado en la antigua Grecia. En la actualidad hay comunidades en diversos órdenes: mundial, nacional, regional y local. Caben múltiples nacionalidades, lo cual conlleva conflicto potencial de intereses. A este ordenamiento debe sumársele la necesaria integración internacional, en proceso en Europa y en espera en el resto del mundo. La humanidad debe abordar riesgos que competen a todos por abuso del ambiente, automatización y envejecimiento, y reconocer la relevancia de afiliaciones emocionales que desbordan fronteras.
La tarea de diseñar procesos y estructuras eficientes para atender lo relevante de cada momento es difícil. Los linderos y la distribución de los poderes públicos en el mundo son producto de la historia; no se basan en las necesidades actuales. Desde la posguerra ha habido muchos cambios. La población se ha multiplicado por cuatro. Las instituciones económicas globales pactadas en Bretton Woods (1944) se desdibujaron hace medio siglo. El ordenamiento multinacional de Naciones Unidas y la Corte Internacional, convenido en la Conferencia de San Francisco (1945) tras las atrocidades de las guerras mundiales, es inadecuado: en ese momento subsistían las colonias de Occidente en Asia y África, y China estaba en guerra civil. La URSS, la Unión Sudafricana y Arabia Saudita no ratificaron la Declaración de Derechos Humanos (1948), fundada en el respeto como valor central.
Desde entonces, el mundo se ha vuelto urbano, se ha superado el analfabetismo y se ha reconocido la solidaridad como valor de importancia capital. En consecuencia, se ha generalizado la exigencia de cobertura universal en servicios públicos de salud y educación, con gran impacto en el tamaño del estado.
Somos una sola especie. Dependemos unos de otros. Compartimos riesgos y oportunidades. La tecnología impone ajustes frecuentes. Debemos organizarnos para aprovechar nuestro potencial, con instituciones adecuadas para cada orden. Los prejuicios y la falta de método hacen difícil la tarea.
Quizás algún país en crisis ensaye métodos eficaces y flexibles, y muestre al mundo la importancia de la tarea política articulada en cada instancia, desde el barrio hasta el planeta, con planificación y control eficaces, y compromiso de todos en la ejecución.
A partir del buen ejemplo se consolidarán los valores, se superarán diferencias improcedentes, se suprimirán linderos, se reconocerá más autonomía local en muchos frentes y el conocimiento se aprovechará mejor.
Serán necesarios educación durante toda la vida productiva, ahorro individual canalizado hacia entidades idóneas para asegurar el sostenimiento desde la jubilación hasta la defunción, y respeto por las recomendaciones de los expertos para evitar desastres ambientales.
Si la nueva tarea política no se acomete, habrá llanto y crujir de dientes cuando la realidad pase cuenta de cobro.