Analistas 31/01/2026

Mercado y regulación

Gustavo Moreno Montalvo
Consultor independiente

Precios y cantidades demandadas de bienes y servicios resultan de la interacción entre quienes demandan y quienes ofrecen en la economía de mercado. La demanda depende del precio, el ingreso, los precios de complementos y sustitutos y, en general, de valores y preferencias de los consumidores. Se entiende que a menor precio mayor la cantidad demandada. La oferta, por su parte, suele tener costos crecientes en función del precio. El mercado libre, en principio, desata la capacidad para innovar.

En contraste, en la economía con planeación central la determinación de qué hacer y en qué cantidad resultan de estimaciones de necesidades con base en información agregada; esas estimaciones suelen desembocar en ineficiencias e inhibir la innovación.

Así las cosas, el mercado es el mecanismo más eficiente para asignar recursos escasos que la planificación central, favorecida por los sistemas comunistas. Sin embargo, los mercados son imperfectos: las distancias generan protecciones; existen monopolios naturales; la tecnología puede inducir cambios en formas de vivir y consumir; la innovación suele requerir recursos públicos para investigación y desarrollo, y patentes para lograr beneficio que justifique el esfuerzo y el riesgo; los productores de un país o unión aduanera obtienen protecciones para sus cadenas con diversas justificaciones y formas. Además, las firmas a cargo de producir y distribuir bienes y servicios suelen incurrir en prácticas comerciales restrictivas, censurables desde la ética.

Las protecciones inducen distorsiones en la asignación de recursos escasos que la competencia evitaría; no obstante, es preciso fijar limitaciones para invertir en ciertas actividades para evitar costos que toda la sociedad debe pagar, como en el caso de impactos ambientales no mitigados. De otra parte, la competencia entre firmas proveedoras en el transporte urbano masivo de pasajeros no genera mejor servicio a sus usuarios y puede saturar las vías. La competencia entre firmas propietarias de infraestructura en un puerto natural puede inhibir el desarrollo de infraestructura necesaria para competir con otros puertos naturales por carga de transbordo, que llega para salir a otros puertos. La libertad para construir soluciones de vivienda sin normas sobre fachadas puede generar conflicto estético y socavar el valor de los inmuebles. La competencia entre aeropuertos sin perspectiva positiva para ninguno de ellos perjudica a los usuarios por el deficiente servicio.

No hay reglas perfectas, pero monopolios naturales y oligopolios o mercados con pocos competidores requieren regulación para conciliar aspiración a las ganancias y beneficio general: es posible labrar acuerdos para subir precios sin diálogo directo entre los participantes oligopolistas, mediante señales sucesivas al mercado por los participantes. La tecnología establece barreras a la competencia: exige regulación.

Regular es ciencia y arte. Exige ajustes según el contexto, las innovaciones en productos y servicios, las fluctuaciones demográficas y los cambios en valores y preferencias. Debe atender exigencias éticas, sin asfixiar la creatividad. Ni el crecimiento ilimitado del estado ni la propuesta libertaria, deficiente en solidaridad, atienden de manera satisfactoria las necesidades del ser humano hoy. Es preciso trascender dogmas y prepararse para un futuro de creciente complejidad.

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