Occidente y Asia

Gustavo Moreno Montalvo

Occidente es un conjunto de culturas y unidades políticas diversas que conquistó al mundo en un proceso expansivo que comenzó en el siglo dieciséis. La brecha económica entre Europa y Asia creció en forma notable desde la revolución industrial. La electricidad, la masificación de los procesos productivos y la revolución en el transporte aumentaron la diferencia. El primer paso hacia el desarrollo en Asia tuvo lugar en Japón: en 1868 la dinastía Meiji suprimió la prevalencia del clan Tokugawa e impulsó la modernización. El país se arruinó en la segunda guerra mundial, pero ejecutó un programa sostenido de recuperación; en los ochenta parecía que iba a aventajar al resto del mundo, pero se estancó por razones demográficas y por el machismo desbordado, que impide aprovechar el potencial de la mitad de la población.

Corea estableció un esquema similar en los sesenta, con resultados impresionantes. China solo comenzó su proceso en 1978, con la apertura a la propiedad privada, sin renunciar al régimen de partido único. El crecimiento ha sido enorme, pero el ingreso per cápita es todavía muy inferior al de Taiwan, isla que logró en tres décadas nivelarse con Occidente; su sistema político limitará el crecimiento chino desde el momento, que pronto llegará, en que el conocimiento traducido en iniciativa empresarial sea determinante. India ha sido democracia desde 1947 pero su economía solo engranó en 1994, con la apertura a la economía de mercado. Su principal problema es la estructura social; operan en la práctica las castas y se discrimina a la mujer. Pakistán y Bangladesh también están muy rezagados, y enfrentan el machismo prevalente en el mundo musulmán.

Irán tiene gran potencial por su evolución social, pero la corrupción bajo el último Shah facilitó el triunfo de la revolución islamista de 1979; los clérigos shiitas han desaprovechado las oportunidades en aras de mantener su papel preponderante; la economía tiene muchos elementos de planeación central, y el petróleo es decisivo; hay inconformidad con el régimen, pero la posición intransigente de EE.UU. contra el gobierno hace difícil liberar las energías de un pueblo que podría conciliar creencia en islam y respeto por derechos fundamentales.

Turquía se había acogido a Occidente desde el establecimiento de la república, pero su actual gobierno busca neutralizar la reforma civil de Kamal Ataturk, quien estableció separación entre Estado y religión; si Erdogan se consolida, la brecha con Occidente se abrirá más. Indonesia, país islámico, tiene ingreso per cápita similar al de Colombia y democracia joven. Los países árabes son desiguales: los países petroleros y los que aprovechan su posición privilegiada, como Emiratos Unidos, son muy prósperos pero sus modelos sociales son machistas. Arabia, bajo el intolerante sistema religioso Wahabi, es enemigo de Irán con el beneplácito de EE.UU. pese a que el sistema político es todavía más restrictivo. Egipto ha crecido en las últimas dos décadas pero sigue siendo pobre, y Siria e Irak están devastados por guerras intestinas absurdas; se anota que Rusia sostiene un régimen cruel en Siria.

Occidente debe revisar su relación con Asia. El reto es promover la integración mundial para que la especie no se extinga. Para ello es condición necesaria el respeto como regla. Quizá es la hora de Latinoamérica. Hay tarea por delante.

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