Analistas 03/12/2022

Propósito y restricciones

Gustavo Moreno Montalvo
Consultor independiente

Es difícil definir el propósito de la vida. Hay tareas relacionadas con la preservación de la especie, objetivo con limitaciones evidentes: es probable que homo sapiens no sobreviva a una extinción masiva, como las precedentes. Aunque se puede proponer la libertad, dependemos unos de otros, por lo cual el desarrollo de la individualidad tiene limitaciones. No basta decir que el ámbito de uno llega hasta donde comienza el de otro: todo lo que se haga incidirá, así sea en ínfimo grado, en las circunstancias de todos los demás. Enunciar objetivos exige consideración de las circunstancias presentes y las probables futuras, lo que invita el pronóstico. Hay que especificar el tiempo: no es lo mismo revisar lo que pueda ocurrir durante la vida propia que en el muy largo plazo, más allá de la vida de los actuales habitantes del planeta. Nuestro propio bienestar debe incorporar en algún grado las circunstancias de otros. Los lazos de familia o amistad no siempre son determinantes para valorar a los demás. En circunstancias extremas puede suceder que la vida de una comunidad dependa de una persona, quien tendrá valor excepcional para todos los miembros vinculados.

La historia del pensamiento occidental ofrece múltiples elementos de reflexión sobre propósito y restricciones. Platón y Agustín postulan ideas de naturaleza superior a partir de las cuales se pueden inferir reglas de conducta con la distorsión propia del entendimiento humano. En contraste, Aristóteles y Aquino se fundan en lo perceptible; el segundo incluso declara conveniente impulsar el cambio cuando las circunstancias lo exijan, así sea en contra del orden establecido. Según Hobbes, las instituciones políticas son necesarias para inhibir la inclinación de unos contra otros, en tanto que su compatriota Locke considera la libertad individual como objetivo fundamental para la organización de la comunidad. Para Marx, la historia desde la revolución industrial, comenzada en Inglaterra antes de su nacimiento, es el producto del conflicto entre clases sociales cuyo desenlace inexorable será el triunfo de los trabajadores y la propiedad estatal de los medios de producción.

En el siglo 21 afloran consideraciones prácticas que ponen en crisis las interpretaciones precedentes. Hay restricciones, fruto de la desmesura de los últimos siglos, que se deben abordar: problemas ambientales por uso desmedido de combustibles fósiles; posibilidad de guerra con armas de destrucción total; abusos de Estado y del capital a expensas de la población en general. También hay oportunidades para todos con apoyo en tecnología, pero pueden dar lugar a escenarios sombríos si no se administran con sabiduría. La dilación en las soluciones traerá limitaciones más severas y aumentará riesgos.

El cultivo de la libertad como propósito, con inevitables fronteras, diferentes en cada circunstancia, exige educación desde el vientre materno hasta la muerte. Solo el esfuerzo por estimular las capacidades permitirá que entre todos busquemos un futuro mejor y que el camino sea grato. El criterio para juzgar la vida no se puede limitar al bienestar material, pero solo asegurar las condiciones mínimas necesarias para que todos podamos aportar, de manera digna y respetuosa, con el debido compromiso, a solucionar problemas que aparecen en cada instante dará sentido a nuestra vida más allá del ámbito de los demás animales.

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