Tener presidente tiene riesgos serios. El único país desarrollado con régimen presidencial clásico, que separa en teoría el legislador de la administración en forma radical es EE.UU., primera democracia liberal del mundo. La élite de Iberoamérica acogió ese modelo cuando se levantó contra España a raíz de la invasión napoleónica a la península. En ese momento, la población era reducida y analfabeta en su mayoría, el papel del estado muy limitado y la economía centrada en extracción de productos naturales.
Ya en el siglo 20 la población creció rápido por caída de la mortalidad infantil y creciente expectativa de vida que acompañaron la paulatina urbanización, apoyada en cambios tecnológicos. La reducción del analfabetismo impulsó la economía, pero también alimentó expectativas no atendidas en la región. Sin embargo, tanto EE.UU. como Latinoamérica han persistido en el modelo con actor principal, en contraste con opciones cuyo protagonista sea un partido o coalición de partidos afines.
El régimen presidencial tiene riesgos:
1. Discontinuidad improcedente: convienen rupturas de políticas por diversas razones: tecnología, cambios demográficos, evolución en valores. Sin embargo, el régimen presidencial tiende a desembocar en discontinuidades improcedentes, por las aspiraciones del líder al reconocimiento por innovar.
2. Papel protagónico excesivo: en el régimen presidencial la cabeza del gobierno tiene la tarea de decidir curso de acción en toda situación importante.
3. Errores de selección: suele faltar rigor para precisar el perfil y seleccionar entre el universo de opciones, con consecuencias serias.
4. Subordinación del legislador al ejecutivo: la administración tiene la información para tomar decisiones, por lo cual los legisladores le ceden la iniciativa, con contraprestaciones.
5. Corrupción desmedida: la dilución de responsabilidades entre quien hace las reglas y quien ejecuta tareas induce que ambos sean laxos en la aplicación de criterios para la gestión.
Sorprende que ningún candidato a la presidencia de Colombia cuestione el régimen presidencial, que concentra exceso de autoridad en una persona, con consecuencias potenciales catastróficas, pese a la calidad de lo escogido desde 1991.
La experiencia del capital internacional comprieba la conveniencia de equipo cúpula administrativa: las juntas pueden beneficiarse de diversas perspectivas y reducir el riesgo de error grave en decisiones importantes. El gobierno federal suizo aplica esta opción, pero con responsabilidades individuales por períodos anuales: los siete miembros de la junta se rotan las carteras.
Sería más ajustado a las normas de buen gobierno corporativo, fruto de cinco siglos de sociedades anónimas, que la administración sometiera todos los asuntos importantes – inversiones, procesos y organización – a examen de toda la junta, y se tomaran decisiones por mayoría, en algunos casos calificada. El legislador nombraría a la junta, que presentaría informes periódicos (mensual, trimestral y anual). La junta nombraría al gestor líder, quien conformaría su equipo.
Para cumplir misión y ejecutar estrategias son necesarios procesos y estructuras efectivos. El mundo exige mejor gestión en lo público hoy. Aprovechar lo que ha dado resultados en lo privado para los propósitos públicos, con los ajustes pertinentes, facilitaría la tarea.