Analistas

Tengo miedo a ser desplazado por la IA

Hernán David Pérez

Múltiples estudios reflejan un sentimiento común entre los empleados alrededor del planeta: el temor a ser desplazados de sus trabajos por la IA, el cual se manifiesta de diversas maneras: en un reciente estudio de Microsoft, 70% de los usuarios de IA temen quedarse atrás si no se adaptan rápidamente a la IA; en un estudio de 2023 de Ipsos, 44% de los trabajadores encuestados en Colombia esperaba que la IA pudiera reemplazar su trabajo actual, frente a un promedio global de 36%; otro estudio, del Pew Research Center en EE.UU. del año 2025, encontró que una tercera parte de los empleados consideran que la IA conllevará a menos oportunidades laborales para ellos; finalmente, un estudio de Gallup de 2026 indica que 18% de los encuestados consideran probable que su puesto de trabajo desaparezca en los próximos 5 años debido a las innovaciones tecnológicas.

Hasta acá, todos estos reportes son parte de encuestas que podemos sentir lejanas y despersonalizadas, sin embargo, en los últimos meses he tenido la oportunidad de ver los rostros detrás de estas cifras. Precisamente, el título de esta columna surgió de la respuesta a mi saludo de parte de uno de los ingenieros del proveedor SEO (Search Engine Optimization) que presta servicios a nuestra compañía. Me expresaba su preocupación porque en la empresa para la que trabaja cada día toma más espacio la IA, y hay una reducción importante de cargos. Igualmente, tuve conversaciones similares en reconocidas empresas de sectores tan diversos como moda y transporte, donde personas en áreas de soporte al negocio expresaban preocupaciones sobre su futuro laboral.

La dosis de realismo debe ser clara, las posiciones de entrada, en las cuales predominan actividades transaccionales, procesamiento de información y análisis de baja complejidad, están siendo desplazadas por la IA. En algunos casos, la tecnología no sustituye al empleado, pero sí aumenta significativamente su productividad, y consecuentemente se requieren menos personas para la misma labor. En otros casos, gran parte de las tareas se pueden automatizar, desplazando a la mayor parte de empleados, y el rol de unas cuantas personas se desplaza hacia la supervisión y gestión de excepciones.

El resultado, en ambos casos, es una reducción de la cantidad de personas necesarias para producir un determinado trabajo. Si la economía, las empresas y la demanda permanecieran esencialmente iguales, ese aumento de productividad podría traducirse progresivamente en mayores presiones sobre el empleo. Pero hay otro escenario posible: si la reducción en el costo de producir y prestar servicios permite a las empresas atender necesidades que hoy permanecen insatisfechas, y llevar capacidades tecnológicas a organizaciones y poblaciones que antes no podían acceder a ellas. En ese escenario, lo que deberíamos observar es una recomposición de los perfiles laborales: menos posiciones centradas en ejecutar tareas repetitivas y más personas dedicadas a decidir, coordinar, diseñar, supervisar y resolver problemas.

El verdadero reto para las empresas y la sociedad no es solo incorporar IA para hacer más eficiente lo que ya hacen, sino cómo utilizar esa productividad que se está creando para atender necesidades insatisfechas y crear nuevos mercados y oportunidades de crecimiento que antes no eran económicamente viables.

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