Analistas 23/06/2023

Democracias amenazadas e incluso heridas

“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre con excepción de todos los demás” (Winston Churchill)

Comenzar este artículo con una frase tan llena de matices y en boca de una figura tan reseñable del siglo XX, nos debería hacer pensar si algunos países o más concretamente, si algunos líderes políticos que viven dentro de este sistema de gobierno lo hacen por convicción o como una simple cortina de humo mentirosa que les permita adaptar ese término a sus intereses, dejando al margen el significado intrínseco que hay detrás del mismo.

El origen de nuestro actual y más aceptado modelo de gobierno político está en la ciudad estado de Atenas, allá por el siglo VI AC. Etimológicamente es una palabra que combina demos (pueblo) y kratós (gobierno, poder): el poder del pueblo.

Hasta ese momento las decisiones trascendentes eran tomadas por la aristocracia, considerados como tales aquellos que tenían un elevado nivel de riqueza. Fue desde la época de Clístenes a finales de ese siglo, cuando el pueblo se empezó a organizar administrativamente en tribus y son éstas las que empiezan a estar implicadas en la toma de decisiones más relevantes, en especial aquellas relacionadas con las guerras. Era el primer paso para que la gente con menos recursos participara de la res publica.

En esos años comienza a surgir la base de la democracia que es la división de poderes representada por La Ekklesia (legislativo), La Boule (ejecutivo) y La Dikasteria (judicial).

Si avanzamos en el tiempo unos cuantos siglos y nos situamos en los albores de nuestros días, una condición sine qua non, para que un país fuera reconocido y respetado entre sus pares a nivel internacional y por ello poder acceder a ciertos foros relevantes o ser considerados para formar parte de las decisiones más determinantes que pudieran afectar a la humanidad, no era otra que la de adoptar un sistema democrático, garante de las libertades de las personas y donde los tres poderes ejercían de contrapeso entre ellos para evitar que se generaran abusos, desigualdades o arbitrariedades.

Es muy cierto, que calificar a un país de democrático o de ser una democracia, todavía vende y permite que sea respetado por la comunidad internacional. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, se han producido una serie de acontecimientos más o menos disimulados en algunos países, algunos de ellos a la cabeza del desarrollo económico actual o futuro, que me llevan a pensar con total convicción que la democracia y la institucionalidad democrática está más amenazada que nunca y que es una marioneta en manos de ciertos dirigentes que la usan a su antojo sin importarles su significado real y generalmente aceptado.

Cuando hablo de mayor o menor disimulo hablo de casos como el de Estados Unidos o Brasil, donde los dos presidentes salientes perdedores de unas elecciones democráticas no sólo no aceptaron el resultado electoral, sino que movilizaron a sus más fervientes y tarados seguidores a que tomaran lugares que deberían ser inviolables para sus respectivos países. Incluso, en ese afán de irrespeto a la legalidad y de violencia desmedida, hubo hasta víctimas humanas.

Por el contrario, hay otros países donde ese disimulo es menos burdo, pero igual de peligroso.

Hablemos de Turquía, con un presidente, Erdogan, recién reelegido y que se perpetuará en el poder más de veinte años si sumamos sus cargos como primer ministro y presidente del país.

Otro caso es la India; país que hace algunas semanas pasó a liderar la clasificación de país más poblado del mundo (como si realmente se supiera a ciencia cierta si hay más chinos que indios o viceversa). Al margen de este simple dato, India lleva años en las portadas de los periódicos por dos tipos de noticias: su imparable desarrollo económico que le hace ser el contrapeso de China en la región y los escalofriantes accidentes ferroviarios que de tanto en cuanto acaecen y que son un fiel reflejo de que dicho crecimiento no está llegando a todos los estratos de la población. Este año será la sede del G20, el foro que reúne a las mayores potencias del planeta y es por ello que va a ser analizado con una mayor minuciosidad.

Sin embargo, colocarse en el centro de la escena internacional puede ser un arma de doble filo para el primer ministro Narendra Modi, líder del partido nacionalista hindú, que se vanagloria de ser “el país madre de la democracia” y donde una gran parte de la oposición critica la opresión de las minorías, especialmente la musulmana y la supresión de libertades amañada por el conchaveo existente entre los tres poderes del estado, consolidado por los años en el poder del mismo partido y de la misma persona.

Nadie duda de que el potencial como nación es ilimitado, pero ¿a qué precio?

Ambos buscan tener su protagonismo y espacio diferente en la esfera internacional, coqueteando con Rusia, como forma de marcar su territorio.

Todos los anteriores ejemplos son solo algunos de que la democracia, por muy admitida que esté, está más amenazada que nunca y dichas amenazas se generan de diferentes maneras. Aquí hemos nombrado algunas, pero no es menor la absoluta precariedad democrática en otros países como El Salvador, con un presidente que esgrimiendo la lucha contra las sanguinarias bandas criminales, no pone límite a sus desmanes autoritarios o lo que está buscando el presidente Petro en Colombia, que ante su incapacidad y capacidad de sacar adelante sus reformas, pide a sus seguidores que tomen las calles, para generar un estado de excepcionalidad que no ayuda en nada a que el país progrese. ¿Qué me dicen de Perú?

El sectarismo extremo y el populismo a ambos lados del espectro político hace que se estén produciendo situaciones realmente muy graves y alarmantes que zarandean los pilares básicos democráticos. Estos devenires son cada vez más admitidos e incluso aplaudidos por un gran número de ciudadanos que por convicción propia, intereses particulares o por mero seguimiento a sus referentes políticos autoritarios e histriónicos, ven cada vez más normal algo que debería preocuparnos y mucho.

Espero y deseo que esto no sea una carrera sin vuelta atrás de la que nos arrepintamos.

TEMAS


Turquía