Información institucional 04/02/2026

Medios paniaguados-programas basura

Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante (Ryszard Kapunscinsky, periodista)

¡Cuánta razón tenía y tiene el que fue uno de los mejores corresponsales de guerra del siglo XX!
Creo que no hay mejor frase y más adecuada para describir lo que está pasando con una profesión que ha dejado de entenderse como el “contrapoder” y cuya misión fundamental debería ser cuestionar a los políticos, sus declaraciones y sus acciones, para convertirse en un circo de personajes que, parapetados tras un micrófono o tras el teclado de un ordenador, se creen con el derecho a opinar de todo y de todos con total impunidad y sin necesidad de servir a la verdad.

Lo de menos es que lo que se diga sea cierto; lo único que interesa es avalar la opinión o los intereses de los que les pagan o de los que pagan a los que les pagan y si para eso hay que mentir, esconder, exagerar, tergiversar, inventar…, pues se hace.

En sociedades y en el mundo en el que vivimos especialmente polarizado, informar con rigor ya no es parte del ADN de la profesión. Ahora lo que se lleva es opinar y confundir de manera absolutamente intencionada, opinión con información.

Aunque todavía hay algunos que se salvan de la quema, echo de menos a los periodistas y medios de antaño, al margen de su ideología y con los que podía estar más o menos de acuerdo. En todos ellos, la línea editorial era una cosa y otra muy distinta el informar sobre lo que acontecía en nuestro país o a nivel internacional. Te daban datos, relataban los hechos, compartían las opiniones de los protagonistas… y tú con todo eso tenías una idea más o menos completa y fehaciente de lo que estaba sucediendo.

Ahora, todo eso es francamente complicado; imposible diría yo, salvo excepciones que, por supuesto las hay y a ellas hay que aferrarse, pero ¡qué más da! El chupatintas de turno ya sabe lo que quiere leer u oír su lector u oyente anestesiado al que no hay que sacar de “su realidad”.

Lo de menos es contar lo que acontece con una cierta objetividad y criterio, sino buscar el clickbait con titulares exagerados, sensacionalistas e incluso engañosos para conseguir la atención del lector. ¿A quién le interesa el cuerpo de la noticia si eso ya no genera apenas ingresos ni audiencia? Con el titular es más que suficiente. Lo de menos es saber redactar y construir un relato de una noticia. Y cuando hablo de relato, no me refiero a lo que usan los políticos para hacernos comulgar con ruedas de molino o, como dicen en mi país: llevarnos al huerto.

Es por ello, que ya no se necesitan periodistas, se necesitan charlatanes de feria que aprovechando las posibilidades que nos da la IA construyan noticias, imágenes, audios que generen algo que sea lo suficientemente atractivo para su audiencia servil y sin ningún sentido crítico.

Lo malo no es sólo eso, es que dichas plataformas a las que antes me he referido (IA), van acumulando toda esa cantidad de artículos, opiniones, titulares tergiversados…, como materia prima para generar otros nuevos por lo que la bola de nieve mentirosa alcanza unas proporciones inimaginables, pudiendo llegar a un punto donde es imposible distinguir lo que es verdad de lo que es una auténtica realidad paralela.

Sólo espero que más pronto que tarde volvamos a dignificar esta profesión y volver a tiempos mejores donde la prensa era algo respetado y respetable. Espero y deseo que desaparezcan tantos panfletos sectarios difusores de mentiras interesadas y los lacayos que forman parte de su nómina o que colaboran con ellos y cuyo único fin es sobrevivir económicamente a costa de lo que sea.

Nada como que los periódicos serios que buscan trascender y perpetuarse en el tiempo, al margen de su línea editorial, se unan y luchen contra todos esos chupatintas que están vilipendiando la profesión.
Si hasta aquí me he referido fundamentalmente a los medios impresos, tampoco encuentro alivio alguno si me refiero a otros medios, en especial la televisión. Si hay un medio que se ha encaramado en el pódium de la basura informativa, ese ha sido la televisión.

Hemos pasado de llenar la parrilla de programas de cotilleo, donde los protagonistas eran famosos del espectáculo, deportistas… lo que se ha llamado siempre la socialité, a girar ciento ochenta grados y apostar sin límite por otros de cotilleo político: chabacanos, pueriles, sectarios, groseros…, donde la bulla, la interrupción, los gritos, los desplantes y las burlas entre los participantes es la gasolina que les da la audiencia deseada.

En todos esos programas indeseables, cualquiera puede ser tertuliano y opinar sobre lo que sea. La única condición que se les pide es defender hasta el absurdo un punto de vista sobre el tema que corresponda y, por supuesto, despotricar de aquellos compañeros de mesa que disientan de lo que cada uno opina. Su sectarismo les hace ser ignorantes, iletrados, al margen de maleducados, pero lastimosamente es lo que vende y lo que demanda su fiel consumidor.

Importa mucho más llevar a un provocador déspota y chulesco que a cualquiera que pueda razonar y dar su opinión de manera serena: esté el resto o no de acuerdo con lo que defienda. Algunos confunden la libertad de prensa con la calumnia, pero la inmediatez hace que eso se pase por encima.
Me entristece mucho que grandes periodistas entren en este juego y se avengan en semejantes espectáculos que sin duda impactarán en su reputación tan bien ganada durante años.

La prensa, al margen de su consabida y ya referida tarea de auditor y controlador del poder y garante de la realidad, también tiene una clara labor educativa y formativa dentro de la sociedad en la que vive y si el primer objetivo ha sido del todo olvidado salvo honrosas excepciones, el componente educativo es una absoluta quimera y es mejor acudir a otras fuentes para poder instruirse.

Esto lamentablemente sólo se arregla con respeto, sapiencia y empatía con el que disiente, cosa que en los tiempos que corren es del todo complicado.

Lo bueno es que sigue habiendo referentes que, saliéndose de este apestoso ruido tacticista que nos invade, evitan exponerse a este bochornoso espectáculo y siguen apostando por participar en determinados foros más abiertos, enriquecedores y selectos que todavía son apetecibles para algunos, entre los que, sin ánimo de ser presuntuoso, me incluyo.

Acabaré con otra cita, en este caso de Albert Camus sobre el tema de hoy: “una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”, a lo que yo añadiría dañina.
En estos momentos hay demasiados voceros de la realidad que carecen de libertad, especialmente económica, para opinar desde la objetividad.

No les renta.

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