Analistas 15/05/2026

¿Apagón sin transición o luz de esperanza?

Isaac Dyner
CU. Jorge Tadeo Lozano - presidente de la Asociación Latinoamericana de Economía de la Energía

En el seno del muy importante Congreso Naturgas, del 15 al 18 de abril pasado, aprendimos muchas cosas: que tendremos un importante déficit de gas natural nacional hasta 2031, e incluso más allá, y que el precio del importado será muy elevado. Más aún, dependiendo de la modalidad contratada, podrá ser unas tres veces más alto del que se paga en EE.UU., e, incluso, hasta cinco veces mayor si se compra en el mercado spot. También se explicó que el valioso yacimiento Sirius, sobre el cual se tienen muchas expectativas, requerirá ser complementado, en poco tiempo, con otros hallazgos para abastecer la demanda futura.

Igualmente, escuchamos que, como consecuencia de lo anterior, las alzas de precios serán enormes para la industria, el sector residencial y la termoelectricidad a gas del país. Este es el resultado de desaciertos en la política, para lo cual el gobierno actual puso su “granito de arena”.

En el mismo evento se presentó el fabuloso estudio Hoja de ruta del sector energético para lograr cero emisiones netas en Colombia, de la muy prestigiosa Agencia Internacional de Energía (IEA), publicado a finales de 2025. Es de anotar que otros estudios -muy detallados- sobre transición energética en Colombia, tanto de investigadores chileno-uruguayos como de dos grupos nacionales, coinciden en buena medida con los resultados presentados por la importante entidad. En lo fundamental, se establece que Colombia es un país privilegiado y que su transición sería ampliamente benéfica, principalmente en el campo de la electricidad, porque traería una reducción importante en precios, seguridad, democratización y soberanía eléctrica; además, se vería rápidamente la reducción de la dependencia del gas, hasta su eliminación, en la generación eléctrica.

No obstante, sorprendentemente, el trabajo de la IEA, y por consiguiente los otros mencionados, fue desechado por algunos “centros de pensamiento” nacionales bajo el argumento de que se requiere mucho más gas, pues de lo contrario la transición sería frágil y que los costos de abatimiento de CO₂ serían muy elevados. Además de que no podremos contar con gas barato por muchos años, el resto es infundado, particularmente en lo que corresponde a electricidad.

Ante la urgencia de nueva capacidad eléctrica, debemos abandonar ese pensamiento hidrotérmico -es una fijación- y reemplazarlo por una activa transición eléctrica en los próximos 12 años, pues es ampliamente benéfica en todo sentido. En los pasados 12 años, desde la Ley 1715, hemos instalado apenas unos 4 GW de renovables (la mayor parte acumulados en los últimos tres años), un avance precario. Los vecinos, todos, han tenido muchísima mayor actividad, particularmente Brasil, Chile, México y Argentina, y antes Costa Rica y Uruguay. Por todo lo anterior hemos mantenido estrechez en el mercado y precios elevados.

No parece lejano un apagón, sumado a un alto déficit de gas (empeorado con el tema de Canacol); algo verdaderamente catastrófico se avecina. Es menester que todas las fuerzas políticas convoquen al país y preparen un plan que cubra varios frentes: a) terminar y poner en marcha los proyectos en camino (eliminando todas las trabas); b) un plan de generación distribuida de 2 GW a julio de 2027; c) preparar, con XM, ISA y demás instituciones, acciones para ajustar y operar el sistema en estas condiciones; y d), aunque no ideal, un plan “apague y pague”. Se requerirán muchos billones, pero ningún carrotanque. Saliendo de esto, que no tiene fecha previsible, veo con optimismo que prácticamente todos los candidatos presidenciales perciben, de manera pragmática, una transición inmediata en electricidad. Además, algunos reconocen la urgencia del gas y del petróleo para las divisas, así como para las necesidades apremiantes de las industrias y del sector residencial. En medio de las dificultades, el gobierno entrante no puede perder la perspectiva de mediano plazo; en este sentido corresponderá considerar geotermia, eólica offshore, H₂ e incluso, para el largo plazo, conocer acerca de la nuclear.

Desde ya se requiere tecnocracia capacitada que investigue, aprenda y ayude a elaborar una transición energética para un desarrollo acelerado y sostenible del país; no se puede seguir fallándole. En medio del susto que muchos tenemos, la esperanza es que, para el final de la década, la nación vuelva a pensar el futuro con optimismo y tranquilidad, superando esta difícil etapa que se avecina. Finalmente, aunque puedo estar equivocado en mis predicciones inmediatas, nada de lo que aquí se dice se puede dejar de hacer, pues el milagro del maná de recursos no lo tendremos.

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