Análisis

¿Misión imposible 2030?

Javier Díaz Molina

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En nuestro XXXVIII Congreso Nacional de Exportadores le planteamos al gobierno nacional un reto para el cuatrienio: trazar una ruta conjunta con el sector privado para superar los US$100.000 millones en ventas externas anuales y llegar a más de 10.000 exportadores recurrentes -es decir, compañías que logren vender al menos US$1.000 al exterior durante tres años seguidos-. No se trata de una cuenta de servilleta, es una necesidad apremiante para sacar al comercio exterior colombiano del estancamiento en el que se encuentra.

El momento es crucial para corregir el rumbo y no quedarnos en el rezago, porque seguimos sin superar el techo histórico de los US$60.125 millones en exportaciones registrado en 2012. Si bien en 2025 alcanzamos cerca de US$50.200 millones, la mayor parte de ese resultado estuvo atada a la volatilidad del petróleo y el oro. El dato que mejor refleja nuestra brecha es este: Colombia exporta apenas US$946 por habitante, una cifra que palidece frente al promedio de más de US$3.100 de América Latina y el resto del mundo.

A esta debilidad estructural se le suma la coyuntura cambiaria. La fuerte revaluación del peso es un llamado de alerta que el país no puede ignorar. Ver la tasa de cambio romper la barrera de los $4.000 hacia abajo, incluso coqueteando con $3.000, golpea de lleno la rentabilidad del empresario. Las cuentas son claras: por cada $100 que se aprecia el peso colombiano, las exportaciones no minero-energéticas caen 0,8% y las de servicios retroceden 3,3%.

Con estas afugias, el sector privado debe acudir a coberturas cambiarias y diversificación de mercados, pero también necesita que el Estado impulse con agilidad herramientas como el Certificado de Reembolso Tributario (Cert) o la devolución oportuna de IVA, además de generar eficiencias en el transporte que nos permitan bajar los fletes.

Por eso, nuestra propuesta ‘Colombia Futuro Exportador: Ruta 2030’ es un llamado a transformar la base exportadora. Hoy Colombia apenas cuenta con 5.547 empresas que exportan de manera recurrente. La meta a 2030 exige casi duplicar esa cifra para romper la altísima concentración actual, en la que un pequeño grupo de 460 compañías explica 89% del total vendido al exterior.

Para lograrlo no necesitamos rehacer la política comercial, sino ejecutarla con rigurosidad. Esto exige decisiones inmediatas en al menos tres frentes: primero, gobernar por resultados a través del Consejo Superior de Comercio Exterior; segundo, lograr una verdadera interoperabilidad digital entre la Vuce, la Dian, el ICA y el Invima con expediente único; y tercero, reducir el costo logístico que hoy consume 15% de las ventas, casi el doble del estándar de la Ocde.

El futuro de nuestras ventas externas debe construirse con decisiones, entidades articuladas y presupuestos reales. Colombia ya cuenta con 18 acuerdos comerciales que le abren la puerta a más de 1.500 millones de consumidores. El reto para 2030 es hacer la tarea en casa para convertir esa oportunidad en despachos continuos, divisas y empleo formal.

El trazado de la cancha le corresponde al gobierno; esperamos que prontamente se anuncie la política que en materia de comercio exterior va a adelantar la administración de Abelardo de la Espriella.

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