Canibalismo electoral
viernes, 20 de marzo de 2026
Jerome Sanabria
Se dice que la competencia es buena porque impulsa la innovación y premia la calidad. Pero cuando se trata de poder, lo que suele salir a relucir es el canibalismo. En este caso, el canibalismo electoral.
Cuando fui candidata a la personería de mi colegio, me di cuenta de que, para algunos contrincantes, lo importante no era ganar, sino impedir que yo ganara. Recuerdo que varios unificaron una candidatura y en los pasillos se escuchaba: “con tal de que no gane Jerome…”. Durante la campaña, recurrieron a típicas tácticas de destrucción del adversario: inventaron cosas sobre mí para deslegitimarme. Fueron días difíciles.
Habría entendido esa actitud si nuestras ideas hubieran sido radicalmente distintas. Pero no era así: con varios, incluso, compartíamos propuestas. La disputa no era por ideas, sino por liderazgo; por quién ostentaría el título de “personero”.
Al final, tras varios días de ese canibalismo electoral entre compañeros, mi equipo arrasó en las elecciones. No solo fui elegida personera, sino que trabajé para ser la mejor que hubiera tenido el colegio, como fue reconocido al final del año.
Hoy, cuatro años después, vuelvo a ver ese ambiente. Pero ya no en una elección escolar, sino en la elección presidencial más importante que he vivido: aquella en la que se define si el país opta por la democracia o el autoritarismo; por la libertad o el socialismo.
La actitud infantil de mis compañeros -a quienes no les importaba ganar, sino que yo perdiera- es la misma que hoy veo entre algunos seguidores de Paloma y Abelardo.
Es un sinsentido. Por primera vez hay dos proyectos sólidos dentro de la centro-derecha y, en lugar de competir con ideas y calidad, muchos han olvidado que el verdadero contrincante es Iván Cepeda y han optado por atacarse entre ellos.
Ni siquiera los llamados a la no agresión por parte de Abelardo y el expresidente Uribe han sido suficientes. Se volvió cotidiano entrar a redes y encontrar a miembros de la oposición insultándose entre ellos.
Algunos seguidores de Abelardo parecen más enfocados en impedir que Paloma gane que en promover su propio candidato. Y lo mismo ocurre del otro lado: hay quienes, en lugar de resaltar a Paloma, dedican su energía a atacar a Abelardo.
Ese canibalismo electoral, además de dañino, es absurdo. ¿Por qué atacarnos entre quienes compartimos un mismo frente? Más aún cuando, hasta ahora, ni Paloma ni Abelardo se han atacado entre sí. ¿Por qué sus seguidores no siguen ese ejemplo?
Enfoquémonos en contarle al país que, si Cepeda gana, tendrá mayorías en el Banco de la República y la Corte Constitucional. Que perderemos la Constitución de 1991 con su Asamblea Constituyente. Estaremos frente al desplome de la institucionalidad.
Aunque mi candidato es Abelardo de la Espriella, jamás atacaré a Paloma ni a su campaña. Y aunque tenga diferencias, no las diré, porque no es hora de ponernos exquisitos con los candidatos. Lo primero es garantizar la supervivencia democrática.
Hoy hago una invitación clara: enfóquense en demostrar por qué su candidato es el mejor, sin destruir al que, en últimas, puede ser un aliado. No más canibalismo electoral. Nos estamos jugando la supervivencia democrática.