Tribuna Universitaria

Chavista y amigo de las Farc

Jerome Sanabria

Tengo que tener cuidado con lo que escribo en esta columna, porque decir una verdad que incomode a Iván Cepeda puede terminar en una denuncia penal. Él mismo lo anunció hace algunos meses: perseguirá judicialmente a cualquiera que afirme que es el candidato de las Farc. Otra forma -ya conocida- de perseguir opositores.

Su argumento es defender su honra. Y es allí donde surge la pregunta: ¿realmente resulta deshonroso para Cepeda que el país lo vincule con criminales con los que se mostraba cómodo posando en fotografías hace algunos años?

No me refiero únicamente a las imágenes que tiene con guerrilleros de las Farc en el marco de la firma del acuerdo de “paz”. Me refiero, sobre todo, a fotografías tomadas en contextos distintos. En al menos dos de ellas se le ve sonriente conversando con Romaña, responsable de las tenebrosas pescas milagrosas y luego cabecilla de las disidencias de la Segunda Marquetalia. Destacable que siendo tan mustio siempre, haya posado sonriente. Seguro estaba muy feliz.

Romaña, al igual que Iván Márquez -con quien Cepeda también aparece en varias fotos-, continuó delinquiendo desde las disidencias.

Y cómo olvidar cuando Santrich volvió a la Segunda Marquetalia y grabó un video agradeciéndole a Iván Cepeda.

Tampoco es un secreto la admiración que Cepeda ha expresado por Hugo Chávez y su proyecto político. En una entrevista de 2011, cuando era representante a la Cámara, calificó a Chávez como el “arquitecto de un nuevo orden en nuestro continente”. En 2012 escribió en redes que había obtenido una “victoria legítima y democrática”. En 2013 afirmó que el dictador venezolano había hecho “grandes contribuciones”, entre ellas una supuesta “incansable búsqueda de la paz en Colombia”, y llegó incluso a presentar a Nicolás Maduro como un “digno sucesor” de Chávez.

Desde entonces no existe un solo registro público en el que Cepeda haya condenado la opresión del chavismo sobre el pueblo venezolano. Nunca cuestionó a Maduro, nunca se refirió a la miseria causada por el socialismo, nunca llamó dictadura a lo que claramente lo es.

Eso sí, hace apenas unos días, estando en Madrid, se refirió a la captura de Estados Unidos contra Nicolás Maduro y afirmó: «A quienes desde un cómodo simplismo reducen lo ocurrido en Venezuela al derrocamiento de un “dictador”», haciendo incluso el gesto de comillas con los dedos al pronunciar la palabra. El descaro es tal que, en pleno 2026, Cepeda sigue negando que Maduro sea un dictador.

Ahora que está en campaña, periodistas y ciudadanos le han preguntado reiteradamente por su cercanía con las Farc y su admiración a Chávez. Su respuesta es siempre con agresividad y negación.

En una era en la que las fotos existen y la huella digital es difícil de borrar, resulta legítimo preguntarse por qué el candidato Cepeda insiste en negar algo que en el pasado no temía exhibir.

Me niego a creer que un país donde millones marcharon en 2006 contra las Farc, donde el acuerdo de “paz” fue derrotado en las urnas y donde las víctimas no recibieron justicia sino impunidad, termine votando por un candidato que se mostraba sonriente junto a los principales cabecillas de ese grupo criminal.

Que Cepeda no lo oculte más: es chavista y amigo de las Farc.

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