Colpensiones: entidad de papel
sábado, 26 de septiembre de 2026
Jerome Sanabria
Cuestionar a Colpensiones es meterse con la ‘vaca sagrada’ de los bienpensantes y de los políticos de todas las tendencias; por eso la nuestra ha sido una batalla casi solitaria. Pero me da igual si me “funan”: el país tiene que saber que los sistemas de reparto son deficitarios por naturaleza y que Colpensiones es una entidad de papel.
Es decir, una entidad que solo funciona en el papel. Y como dice el refrán, el papel todo lo aguanta. El problema es que el país no es un papel, y una entidad como Colpensiones también tiene que ser sostenible financieramente.
Colpensiones empezó a operar en octubre de 2012 y nació quebrada. Nunca ha sido autosostenible: siempre ha dependido de transferencias del PGN para cumplir sus obligaciones. Pero desde 2022 sus necesidades presupuestales han crecido exponencialmente, en gran parte por los aumentos irresponsables del salario mínimo. Más aún cuando más de 54,8% de pensiones en Colpensiones son de ese valor.
Por ejemplo, en 2022 la entidad requirió $11,3 billones, y para 2027 tiene asignados $41 billones. Y eso es solo lo asignado: con el faltante que ya reconoce el propio Ministerio del Trabajo, seguro se necesitará más.
En apenas cinco años, el aumento nominal es de 262%. Pero el dato que debería alarmarnos es otro: según cifras del PGN, en términos reales, las transferencias de la Nación a Colpensiones crecieron 175,2% en apenas seis vigencias fiscales.
Colpensiones está explotada, y las razones son evidentes: es exactamente el mismo Instituto de Seguros Sociales con otro nombre. No ahorra ni invierte lo que recibe, y por otras razones adicionales no es autosostenible.
Insistir en un sistema de reparto, una pirámide pensional, en un país donde la informalidad siempre ha superado el 52%, donde los dos últimos mandatarios han subido irresponsablemente el salario mínimo y donde la demografía atraviesa su peor crisis de la década, no es de personas muy listas.
Quienes, viendo la evidencia, insisten en defender el régimen bajo el que opera Colpensiones no solo son mal intencionados. También serán responsables del acabose de las finanzas públicas en el mediano plazo.
Justo ayer el Dane reportó que en 2025 los nacimientos vivos cayeron 2,7% frente a 2024. Lo alarmante es la tendencia: entre 2017 y 2025 se redujeron 32,8%. En adición, la esperanza de vida pasó de 75,4 años en 2015 a 77,6 años en 2025, y la tendencia es creciente.
La realidad demográfica cambió: cada vez hay menos aportantes, las personas viven cada vez más y, si no ahorran lo suficiente, el Estado no podrá subsidiarles la pensión de por vida.
El Carf fue enfático en que, con la reforma pensional, Colpensiones se caerá en 2062. Pero viendo el aumento de los recursos requeridos del PGN, cada año más altos, me temo que la quiebra definitiva llegará más temprano que tarde.
Con la salida del presidente de Colpensiones, Carlos Montoya, es hora de que Abelardo de la Espriella se tome en serio el tema pensional y nombre a alguien que no solo sea experto en pensiones, sino que además entienda la realidad financiera de la entidad.
Alguien que sepa que Colpensiones debe empezar a ahorrar e invertir lo que recibe, porque si no capitaliza pronto, no solo se quebrará: quebrará a toda la Nación.