Tribuna Universitaria

El lado oscuro de las consultas

Jerome Sanabria

Por estos días, el debate en las redes sociales se ha centrado, en buena parte, en las elecciones presidenciales y, de paso, en las consultas que se votarán el 8 de marzo.

Los defensores de La Gran Consulta la presentan como la única salida al petrismo; los del Frente por la Vida -es decir, los seguidores de Roy- se venden como una supuesta izquierda alternativa; los de la Consulta de las Soluciones, encabezados por Claudia López, parecen ávidos de notoriedad. En contraste, quienes no tienen candidato dentro de tales consultas llaman a no votar o a anular el tarjetón.

No pretendo convencer a nadie de participar o abstenerse. Mi punto es otro. Como he sostenido desde hace meses, el antipetrismo debió construir una alianza por la supervivencia democrática: una unión real de las fuerzas contrarias al gobierno. Lo que Álvaro Uribe llamó “una consulta de Fajardo hasta Abelardo”. Eso habría sido lo ideal, pero no ocurrió.

En su lugar, hoy tenemos tres consultas integradas por candidaturas residuales de todos los sectores: una Gran Consulta que excluye a Abelardo porque Vicky, Luna y Cárdenas se negaron a competir con él; una Consulta de las Soluciones que Claudia López se inventó para recoger plata de la reposición de votos; y un Frente por la Vida donde Roy Barreras aterriza, también para tener reposición, junto al imputado Daniel Quintero, en donde no estará Cepeda por orden judicial.

¿Qué sentido tiene convocar consultas en las que no participan los tres candidatos que lideran todas las encuestas?

Lo más grave es el inmenso costo de las mismas, que se estima en $193.000 millones. En un contexto económico tan complejo como el que atraviesa Colombia, destinar semejante cantidad de plata a unas consultas de las que, con toda probabilidad, no saldrá el próximo presidente es un verdadero despilfarro. Por cierto, esta vez cada voto le representará a los candidatos $8.287 en reposición. Un sinsentido.

Para ser francos, de los 16 aspirantes en competencia, la única que podría tener opciones reales -por la fuerza de su partido- es Paloma Valencia. El resto son, electoralmente, residuales.

En la Gran Consulta hay gente muy valiosa que, si se unen todos en la segunda vuelta, podrán aportar mucho al país desde el gabinete presidencial. Por lo pronto, urge que entiendan que ir en contra de Abelardo, quien hoy lidera las encuestas, es contraproducente. El país necesita unidad frente al proyecto autoritario de la izquierda.

Paloma, por ejemplo, ha sido la única en afirmar de manera explícita que apoyaría a Abelardo en una eventual segunda vuelta. Ojalá todos entendieran que está en juego la supervivencia democrática.

Es evidente que no comparto el lado oscuro de estas consultas, pero reconozco que un buen resultado en La Gran Consulta podría ayudar al antipetrismo a consolidar una base de cara a la primera vuelta, y también a consolidar a la oposición de cara a las próximas regionales.

Por eso, y sumado a su eventual apoyo a Abelardo y como reconocimiento a su lucha en defensa del ahorro pensional, votaré por Paloma en esta consulta, aunque mi candidato en primera vuelta será Abelardo.

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Política - Elecciones presidenciales