Inmorales y destructivas
jueves, 30 de abril de 2026
Jerome Sanabria
En mi columna pasada dejé claro que el plan de gobierno de Iván Cepeda no tiene ni una buena propuesta. Sin embargo, recibí más mensajes de haters en los que enunciaban las que son, a su parecer, las mejores propuestas de su candidato. Las abordaré una a una, pero dejo una advertencia: no solo son propuestas equivocadas, sino también altamente destructivas para el país.
Empecemos con la propuesta reina: la “revolución agraria”. Cepeda propone no solo no renunciar a la redistribución de tierras, sino profundizarla. Es una vieja bandera de la izquierda, que en nuestra historia reciente va desde Jorge Eliécer Gaitán hasta Gustavo Petro bajo distintos nombres.
No se dejen confundir. Lo que suena bien y parece partir de buenas intenciones, en realidad parte del resentimiento y del rechazo a la propiedad privada y a la generación de riqueza.
Esa “revolución” se logra única y exclusivamente expropiando tierras y redistribuyéndolas. En la misma línea, Cepeda propone “una redistribución real de la riqueza”. No solo castiga a quienes han trabajado y adquirido tierras, sino también a quienes, fruto de su esfuerzo, han construido capital. Es decir, quitarles a unos para darles a otros -escogidos por el gobierno-, entregando tierras y recursos a dedo. Esto no solo ahuyenta la inversión en el campo, reduce el acceso al crédito y golpea la productividad agrícola; es, sobre todo, una propuesta inmoral.
¿Les parece justo trabajar toda una vida para adquirir una tierra y asegurar la vejez, para que luego el gobierno decida que usted no la merece? La expropiación no es solo ineficiente. Es injusta, abusiva.
Propone, además, una alianza público-popular que reemplace el libre mercado en la oferta de bienes. Habla de que organizaciones sociales ejecuten obras públicas en lugar del mejor oferente. Es la puerta abierta al clientelismo: entregar a dedo la gestión de recursos públicos. Basta imaginar, por ejemplo, qué pasaría si la construcción del Metro de Bogotá quedara en manos de una organización territorial sin experiencia, en lugar de un concesionario especializado. Esa propuesta ya la ejecuta Petro. Ha gestionado más de 80.736 contratos directos con un valor superior a $31 billones bajo esta figura. La chavización de la economía colombiana.
También plantea prohibir definitivamente el fracking, ignorando que aún no tenemos cómo sustituirlo con una fuente eficiente de energía. Prohibirlo reduce la oferta interna sin eliminar la demanda, lo que nos obligará a importar energía más cara, perder ingresos fiscales y depender de fuentes menos confiables.
Acorde al continuismo, propone blindar la reforma laboral y pensional para impedir que sean modificadas en el futuro. Lo que nos condenará a un mercado laboral atado al Estado que quebrará a las empresas más pequeñas y espantará a las más grandes, creando desempleo, y nos condenará a un futuro sin pensión y a que el pasivo que se requiera para sostener Colpensiones sea tan grande que se vuelva (más) impagable.
En la misma línea, cuando habla de “gratuidad” - en educación o vivienda- no podemos olvidar que nada es gratis. Siempre hay alguien que paga: vía más impuestos o más deuda. Una cuenta que terminará asumiendo mi generación y las futuras.
Aunque claro, eso solo si en unos años seguimos teniendo país.