Tribuna Universitaria

Los residuales

Jerome Sanabria

Se publicó la primera encuesta después de la ley mordaza. La realizó el Centro Nacional de Consultoría y sus resultados marcan una tendencia inequívoca: los únicos candidatos con opción real de disputar la segunda vuelta son Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.

Que Cepeda lidere con 20,9 % no es casual. De todos los candidatos que marcan en esta medición, solo dos -además de él- son abiertamente de izquierda: Daniel Quintero y Roy Barreras. En contraste, en el espectro de derecha y centroderecha hay once candidatos con intención de voto, además de Abelardo. Es decir: la izquierda casi que unificó su candidatura, mientras la derecha sigue atomizada.

Y aun dentro del antipetrismo, la diferencia es abismal. Mientras Abelardo marca 14,4%, el siguiente en la lista, Miguel Uribe Londoño, apenas llega al 4,1%. No se necesita ser experto en política, estadística o ciencias sociales para comprender lo evidente: el único candidato del antipetrismo con opciones reales de pasar a segunda vuelta es Abelardo de la Espriella.

Pero hay un grupo de once (y contando) que parece no haberlo entendido. Y peor aún, se trata de aspirantes que, sumados todos juntos, apenas logran superar lo que Abelardo marca solo. A este grupo les llamo, sin rodeos: los residuales.

Mientras tanto, la izquierda ya está jugada. Se unificaron antes, se ordenaron más rápido y hoy trabajan todos -absolutamente todos- por la candidatura de Cepeda. Nos llevan un mes de ventaja en promoción de su candidato. Es frustrante ver que ellos ya están organizados mientras que, en el antipetrismo, los candidatos siguen remando para lados distintos. ¿Vamos a dejar que nos saquen más ventaja?

Sé que sueno cruda, pero es evidente que lo que están haciendo muchos de esos once candidatos del antipetrismo -que no suman ni la mitad de lo que marca Abelardo- es buscar visibilidad y mantenerse vigentes para luego negociar burocracia con quien quede electo. Esa actitud es ruin, miope y profundamente egoísta frente al contexto que atraviesa el país.

Hace unos días, Abelardo propuso hacer una encuesta en diciembre para unificarnos desde ya. La idea es buena, pero solo sirve si participan todos los candidatos de la derecha y el antipetrismo, y si todos se comprometen de verdad a apoyar al ganador. Además, sería extremadamente útil que el candidato que quede de segundo asuma como fórmula vicepresidencial del ganador.

¿Serán capaces de negarse? ¿Tan egoístas como para no hacer una encuesta, una consulta o una alianza en la que participen todos? ¿Tan ciegos como para no entender que en 2026 nos jugamos la supervivencia democrática de Colombia?

Espero que no.

Es hora de entender que nos estamos jugando el todo por el todo, y hora de que los candidatos del antipetrismo se pongan a la altura de este reto: que todos se midan, compitan y remen hacia un mismo lado. Que el que gane sea el candidato de todos. Y siendo sinceros, a estas alturas no vale ese argumento de que “aún falta mucho tiempo”.

Si no lo hacen, si siguen jugando a las microcandidaturas del macroego, estaremos condenados a muchos años de petrismo, y por ende, condenados a perder la democracia. Y la responsabilidad recaerá, en gran parte, sobre los residuales.

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