Analistas 05/03/2026

M8, lo que está en juego

Jerome Sanabria
Estudiante

Hay algo mucho más importante que la elección presidencial para asegurarnos de que la democracia sobreviva en Colombia: el nuevo Congreso. Deseo que, durante los próximos cuatro años, tengamos congresistas que defiendan con firmeza la vida, la libertad y la propiedad privada de los colombianos.

Si el presidente es Cepeda, el Congreso tendrá la máxima responsabilidad del país: impedir, a toda costa, que su proyecto autoritario termine de erosionar las instituciones y la democracia colombiana. Si gana Abelardo o alguno de los candidatos de la Gran Consulta, su tarea será ejercer un control político real para garantizar el cumplimiento de su palabra y corregir el desastre económico, de seguridad y de salud que nos deja Petro.

En las últimas semanas he estado en varias obras de construcción hablando con trabajadores sobre la importancia de votar en estas elecciones. Les he pedido que me digan el nombre de cinco congresistas que conozcan. En ningún caso logramos una respuesta.

Muchos, incluso, no recuerdan por quién votaron hace cuatro años. O si votaron. Pero la pregunta que más me hacen es: ¿qué hace un congresista?

Se trata de 296 personas que pueden frenar o aprobar las reformas que afectan nuestra vida diaria. Sus principales funciones son ejercer control político sobre el presidente y sus ministros, proponer proyectos de ley y debatir los que presente el Gobierno.

Mientras que los senadores se eligen a nivel nacional, los representantes lo hacen por circunscripción territorial. Pero, en la práctica, hacen lo mismo.

No basta con que el próximo presidente no sea Cepeda o Roy Barreras. Necesitamos, sobre todo, un Congreso que acompañe las contrarreformas que el país exige. Congresistas que defiendan con firmeza el ahorro pensional, que se pongan del lado de los pacientes, que entiendan que sin seguridad no hay libertad ni progreso, y que el ELN y las disidencias de las FARC no pueden seguir apropiándose del país. Mejor dicho, necesitamos un Congreso que entienda que defender la democracia es una obligación.

Lo más preocupante es que solo cinco de cada diez ciudadanos votan al Congreso. El abstencionismo en las elecciones legislativas es mayor que en la presidencial. Y tiene sentido: la mayoría no tiene candidato ni se interesa por tenerlo porque no conoce sus funciones.

Mi invitación es a no dejar en manos de terceros las decisiones que afectarán nuestra vida y la de nuestras familias y a que, al momento de votar, nos preguntemos: ¿qué país soñamos para nosotros y para nuestros hijos?

Yo sueño con un país libre. Donde se pueda disentir sin miedo. Donde prime la libertad económica y el Estado se entrometa lo menos posible en nuestras vidas. Donde no tengamos que huir por falta de oportunidades. Donde no tengamos que pedirle permiso al gobierno para salir del país.

Mis votos este 8 de marzo son claros. Al Senado votaré por la lista cerrada del Centro Democrático, en reconocimiento a su defensa del ahorro pensional y de los pacientes. A la Cámara por Bogotá votaré por Daniel Briceño, el 101 del Centro Democrático, porque lo quiero, admiro su labor y confío en que defenderá con firmeza las banderas de la vida, la libertad y la propiedad privada.

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