Analistas

Más Hayek, mucho más Hayek

Jerome Sanabria

Hace un año lancé la campaña “Menos Marx, Más Hayek” para visibilizar el adoctrinamiento ideológico que existe en algunas instituciones de educación superior en Colombia. En mi caso, señalé que en una de mis clases el único autor que se estudiaba era Marx, mientras no había espacio para leer a Hayek ni a ningún otro pensador liberal.

La campaña fue criticada abiertamente por el presidente Gustavo Petro, quien incluso me llamó “tonta” por proponer que había que leer menos a Marx y más a Hayek. Un año después, paradójicamente, quien caricaturiza a Hayek ya no es Petro ni la izquierda, sino la mismísima Paloma Valencia; detalle que me desconcertó, pues la he admirado por su defensa del ahorro pensional.

El fin de semana se conoció una intervención en la que reiteró que el Centro Democrático “no es un partido de derecha”. No pienso entrar en esa discusión, me tiene sin cuidado cómo quiera definir su partido. Lo preocupante vino después cuando afirmó: “El que cree que este es el partido de Hayek y de las libertades económicas, donde el Estado se queda cruzado de brazos y ve cómo se mueren de hambre los ciudadanos, está en el partido equivocado”.

La afirmación evidencia un profundo desconocimiento sobre las ideas de Hayek. Si hubiera leído tan solo una de sus obras, sabría que él jamás defendió un Estado de brazos cruzados frente a la pobreza. En ‘Los fundamentos de la libertad’ fue explícito al sostener que no existe razón para abandonar a quienes se encuentran en condiciones de vulnerabilidad.

De hecho, buena parte de la política social que históricamente ha defendido el Centro Democrático -ese “corazón grande” que tanto reivindica- cabe perfectamente dentro del pensamiento hayekiano. Contrario a lo que insinuó Valencia, Hayek no era enemigo de las políticas sociales. Lo que rechazaba era que el Estado utilizara la redistribución de la riqueza y la planificación central para perseguir una supuesta “justicia social”.
En “Derecho, legislación y libertad “ fue aún más claro al afirmar que “no existe razón alguna por la que, en una sociedad libre, el gobierno no deba asegurar a todos protección contra la privación extrema mediante un ingreso mínimo garantizado”.

El problema, entonces, no es que el Centro Democrático sea incompatible con las ideas de Hayek. El problema es que una de sus principales dirigentes parece desconocerlas y termina reduciéndolas a una caricatura.
Paloma habló de Hayek como si ser “el partido de Hayek” fuera motivo de vergüenza. Y no debería serlo. Cualquier partido que se diga defensor de la propiedad privada y la economía de mercado debería aspirar a ser, precisamente, el partido de Hayek; y también de Mises, Bastiat o Menger.

Debo admitir que estoy decepcionada. Voté por Paloma Valencia en la consulta porque creí que quien defendía el ahorro pensional también defendía las ideas de la libertad. Hoy veo que no es así.

No quisiera pensar que quienes defendemos esas ideas no tenemos cabida en el Centro Democrático, pues Paloma dijo: “el que cree en las libertades económicas está en el partido equivocado”. Ante eso, me quedo con el ala liberal del partido, encabezada por Briceño, Forero y el profesor Luis Guillermo Vélez.

Todo esto demuestra que todavía falta mucho para que nuestros dirigentes lean, comprendan y hagan suyas las ideas liberales. Por eso, quienes las defendemos desde la sociedad civil todavía tenemos un largo camino por recorrer.

Para lograrlo se necesita más Hayek, mucho más Hayek.

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Comunismo - Capitalismo - Paloma Valencia