No se lo merecen
jueves, 17 de septiembre de 2026
Jerome Sanabria
“Esa pensión es muy bajita en comparación con lo que me gano. No es lo que me merezco”. He escuchado esa frase cientos de veces en los últimos meses, en boca de amigos y familiares próximos a pensionarse. Detrás de esa inconformidad está el paradigma del merecimiento. Y déjenme adelantarles algo: no, no se merecen esa pensión.
Estoy segura de que me van a ‘funar’ por esta columna. Que lo hagan. Si no hablamos de esto, seguiremos condenados a sistemas pensionales deficitarios e injustos. Colpensiones calcula la pensión, por regla general, con el promedio de los últimos diez años de cotización. ¿El resultado? Un incentivo perverso: quien cotizó toda su vida sobre un salario mínimo puede ingeniárselas para cotizar sobre salarios altos en esa última década y salir con una megapensión, por supuesto, inmerecida.
Y eso no es lo peor. Esa fórmula les regala los subsidios más altos a quienes más cotizan. Un sinsentido: los subsidios deberían ir a los más vulnerables, no a quienes más logran aportar.
Las AFP, en cambio, calculan la pensión con lo que el afiliado acumuló más sus rendimientos, distribuido según su expectativa de vida y la de sus beneficiarios. Es decir: su pensión es su ahorro.
Por ese megasubsidio estatal, las mesadas de Colpensiones suelen ser mucho más altas que las de una AFP. Y por eso Colpensiones es tan atractiva para políticos y personas de alta cotización.
Conocí a una afiliada con un promedio de cotización de $7,7 millones y más de 1.700 semanas. La liquidación le arrojó una pensión ¡de 75% de ese promedio! Es decir, $5,8 millones mensuales.
A la afiliada le pareció insuficiente. Sin embargo, entre ella y su empleador aportaban poco más de $1,2 millones al mes (16% de su salario). ¡Salían $1,2 millones, no $7,7 millones! Ella no puede pretender una pensión igual a su salario. Es más, aun así, la mesada de $5,8 millones es muy alta frente a su aporte.
Además, durante años cotizó sobre salarios muy, muy bajos, cercanos al mínimo, y su ingreso solo subió en la recta final. En toda su vida aportó un poco menos de $600 millones a valor presente. Pero, si vive hasta la esperanza de vida de las mujeres, cerca de 80 años, con esa pensión recibirá más de $1.700 millones en mesadas.
¡Casi tres veces lo que aportó! Y adivinen quién pagará la diferencia: mi generación y las que vienen, muchos de los cuales nunca llegarán a pensionarse.
Y aun así, ella insiste en que “no es lo que me merezco”.
Esa fórmula perversa hoy tiene a Colpensiones necesitando del PGN más de $32 billones anuales para sostenerse, adicionales a las cotizaciones de todos sus afiliados.
Entendamos que el diseño de Colpensiones es el de una estafa intergeneracional, y el hecho de que sea legal no lo hace justo, moral ni financieramente sostenible.
El sistema solo cambiará cuando aceptemos que la pensión debe ser fruto de nuestro ahorro y sus rendimientos, no de megasubsidios estatales, así eso implique mesadas mucho más bajas.
Sin ese cambio de mentalidad, no habrá contrarreforma que valga. Así que la próxima vez que escuchen “no es lo que me merezco”, respondan sin pena: no, no es lo que usted se merece. Es mucho más de lo que usted aportó.