Analistas

Oscuro panorama

Jerome Sanabria

Mientras todos miran quién se queda con las presidencias del Senado y la Cámara, hay una batalla mucho más importante que se libra en silencio: la de las comisiones. Veamos qué pasó con las séptimas. Y ahí, por ahora, el panorama luce oscuro.

Cualquier futura contrarreforma pensional -o de salud- tendrá que empezar su trámite por las Comisiones Séptimas. Y la de la Cámara de Representantes ya está conformada. Son 21 representantes. El que consiga 11 votos, manda.

En la legislatura que termina, esta comisión estuvo completamente cooptada por el petrismo y por los llamados congresistas «transaccionales»: aquellos que, desde partidos como La U, podían presentar reformas alternativas, pero en ocasiones acompañaban al Gobierno. Allí están los ejemplos de Víctor Salcedo y Norma Hurtado.

No es una comisión cualquiera. Allí se aprobó la reforma pensional y, en una ocasión, también la reforma a la salud. Quien controle esta comisión tendrá una llave fundamental para desmontar -o profundizar- el legado de Gustavo Petro.

El Gobierno tiene nueve votos asegurados: cinco del Pacto Histórico, entre ellos Alfredo Mondragón y María Fernanda Carrascal; dos de las curules de paz, Esneyder Gómez y Arnulfo Mina; el del conservador petrista Jorge Alexander Quevedo, quien votó a favor de las reformas de Petro y fue sancionado por su partido en 2024 por respaldar la pensional; y el de Jaime Raúl Salamanca, expresidente de la Cámara y representante de la Alianza Verde, clave para acelerar las reformas del petrismo.

Ahora vienen los dos votos que pueden definirlo todo: Luis Carlos Álvarez, liberal y exgobernador de Vichada, elegido por una coalición de Alianza Verde, Mais y Pacto Histórico; y Jhonn Alexander Molina, del Partido de la U, elegido por el Guaviare y con tendencias ideológicas de izquierda.

Si ambos se van con el petrismo, se acabó la discusión: 11 de 21. Mayoría absoluta.
Del otro lado, el abelardismo cuenta con seis votos fijos: tres del Centro Democrático, uno de Cambio Radical, el de Juan Pablo Rojas del Nuevo Liberalismo, quien apoyó públicamente a Abelardo De La Espriella, y el del liberal Ariel Rodríguez Beltrán, quien también respaldó a Abelardo y tiene cercanía con el ministro de Comercio, Mauricio Gómez.

En el medio hay cuatro votos: Bleidy Pérez, liberal y médica, crítica de la reforma a la salud de Petro; Jaime Cano, conservador; Wissner Sandoval, representante de la curul afro, hermano de la alcaldesa de Soledad y respaldado por el clan Pulgar, que apoyó a Paloma Valencia; y Víctor Salcedo, del Partido de la U, quien ha mantenido una posición independiente frente al petrismo.

Pero incluso si el abelardismo consigue esos cuatro votos, el resultado sería 11 contra 10.

Eso debe preocuparnos a quienes queremos una contrarreforma a la salud que enfrente la muerte de pacientes, la escasez de medicamentos y la desfinanciación del sistema: no podemos darnos el lujo de perder esta batalla. Tampoco quienes votamos para que la pensional del Tigre se haga realidad y para que el ahorro individual quede protegido para siempre.

Por eso, este es el momento para que el ministro del Interior, Rodrigo Lara, se luzca. Porque de nada sirve haber ganado la Presidencia si no somos capaces de ganar el Congreso.

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