Pañito de agua tibia
sábado, 5 de septiembre de 2026
Jerome Sanabria
En los últimos días se ha conocido que el Centro Democrático liderará la contrarreforma pensional, punto que celebro inmensamente. Por ahora se han divulgado dos propuestas que, aunque lucen parecidas, son radicalmente diferentes.
Una liderada por el senador Andrés Forero y por el representante Daniel Briceño que recoge los argumentos centrales de la contrarreforma de #NoConMiAhorro. Elimina el pilar semicontributivo, y además devuelve a los afiliados su libertad para elegir el régimen de cotización. Nadie estará obligado a cotizar en Colpensiones. Eso sí, quien elija dicha opción, podrá hacerlo hasta un umbral para evitar que se sigan causando megapensiones.
Esa propuesta de reforma, #LaPensionalDeLaLibertad, elimina por completo el esquema de pilares y garantiza a los afiliados su propiedad privada.
La otra propuesta del CD que parece estar tomando más fuerza, es la liderada por los congresistas Hernán Cadavid y María Clara Posada. Coincide con la primera en eliminar el pilar semicontributivo, punto que también celebro, pero mantiene el esquema de pilares de la ley de Petro, con la única modificación de bajar el umbral de 2,3 salarios mínimos a uno.
Eso significa que todos los colombianos estarán obligados a cotizar en la pirámide de Colpensiones. Significa, además, que el 90% de los afiliados -quienes cotizamos sobre un salario mínimo- no podremos ahorrar para la vejez, sino que tendremos que entregarle nuestra cotización al Estado.
Esa propuesta es, con letras mayúsculas, un pañito de agua tibia.
Y es, además, similar a la propuesta que la tecnocracia de centroizquierda promovió durante estos cuatro años: “ni muy muy, ni tan tan”. El problema es que, después de la declaración de exequibilidad de una reforma pensional terrible, que le roba el ahorro a millones y condena a mi generación, no podemos darnos el lujo de hacer una reforma “ni muy muy, ni tan tan”.
Como votante del Centro Democrático y vocera de #NoConMiAhorro, me siento en la obligación de pedirle a toda su bancada que defienda los valores que siempre ha defendido: la propiedad privada y la libertad de elección.
La segunda propuesta es cortoplacista. Y sí, salva a millones del robo de su devolución de saldos, punto a favor, pero mantiene el problema de fondo pues el entregar las cotizaciones de 16 millones de colombianos más a Colpensiones fortalecererá la pirámide durante unos años, pero agravará el problema fiscal a futuro y condenará a mi generación y a las venideras.
Recordemos que Colombia tiene una caída drástica de la tasa de natalidad y un aumento desmedido de la esperanza de vida. Si insisten tercamente en obligarnos a pertenecer a un sistema de reparto, en un país donde cada vez habrá menos trabajadores financiando a los pensionados, el resultado será un acabose de las finanzas públicas. Esa es la realidad, por mucho que algunos quieran matizar la nueva versión detrás de un nuevo esquema de pilares.
Por eso, la discusión no es si el umbral debe ser 2,3 salarios mínimos o 1. La discusión es mucho más sencilla: ¿el colombiano es dueño de su ahorro o el Estado debe decidir por él?
Necesitamos entender con urgencia que la única solución pensional viable es el ahorro. Por eso insisto: o Colpensiones se capitaliza, o se acaba. No podemos seguir alimentando sistemas de reparto en Colombia.
Obligar a los colombianos a cotizar en Colpensiones es ilegítimo, inmoral y financieramente insostenible.
Contrarreforma sí, pero no así.