Que ruja el Tigre
sábado, 29 de agosto de 2026
Jerome Sanabria
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La Corte Constitucional, en un claro acto político, aprobó la reforma pensional de Petro y se lavó las manos presentándola como una “devolución” del proyecto al Congreso. En realidad, devolvió apenas nueve artículos intrascendentes y aprobó el alma expropiatoria de la reforma: los pilares semicontributivo y contributivo.
Ante esto, urge radicar una contrarreforma en el Congreso y lograr su aprobación antes del 1 de abril de 2027, fecha en la que la Corte determinó que entrará en vigencia la reforma Petro. El miércoles, apenas 12 horas después de la decisión de la Corte, desde #NoConMiAhorro le entregamos al país la contrarreforma de la libertad: el proyecto que tantas veces he comentado en estas páginas, que elimina el pilar semicontributivo y hace opcional el contributivo. Un proyecto que devuelve a los afiliados sus saldos, recupera la propiedad sobre el ahorro y restituye la libertad de elección sobre el régimen de cotización.
El año pasado le presenté este proyecto al entonces candidato presidencial Abelardo de la Espriella, quien lo acogió en su plan de gobierno y con quien lo denominamos #LaPensionalDelTigre. Por eso hoy me tomo el atrevimiento de pedirle públicamente que sea su gobierno el que lidere esta iniciativa. No solo porque fue su promesa de campaña, sino, sobre todo, porque es su deber defender el ahorro de los colombianos.
Entiendo que liderar una contrarreforma de esta magnitud requiere un enorme esfuerzo político. Pero la ocasión lo amerita. En campaña, el presidente fue enfático en que “brindaría el ahorro pensional para que ningún político pueda meterle mano”.
Entiendo también el costo fiscal de hacerlo. Para 2026, según Jaime Dussán, la nómina de Colpensiones costará aproximadamente $90 billones, de los cuales $32 billones salieron del PGN para pagar las pensiones actuales. Hoy, bajo la Ley 100, una tercera parte de su presupuesto viene de los impuestos.
La reforma de Petro “alivia” este problema en el corto -muy corto- plazo al obligar a todos a cotizar en esa pirámide. Con las cotizaciones de 16 millones de trabajadores, Colpensiones el siguiente año no necesitará un peso del PGN porque se financiará con nuestro ahorro pensional. En otras palabras, la reforma le entregaría al gobierno una caja de más de $30 billones al año.
El problema es que esto no resuelve el déficit: simplemente lo patea hacia adelante. En unos 15 años, otro gobierno tendrá que enfrentar una crisis fiscal mucho mayor, que mi generación pagará de por vida. Por eso, limitar Colpensiones o transformarlo en una entidad que ahorre e invierta las cotizaciones sería un acto de justicia intergeneracional.
Las deudas que hoy tiene la entidad deberían pagarlas quienes se beneficiaron de las megapensiones y de los antiguos regímenes especiales, no una generación de jóvenes que hoy está en el colegio, en el jardín o que ni siquiera ha nacido.
Entiendo que el gobierno tema liderar esta contrarreforma por el costo de sostener a corto plazo una pirámide que ya se cayó. Pero asumir ese costo hoy sería mucho más responsable que trasladarlo a las próximas generaciones y, sobre todo, evitaría una crisis fiscal dentro de 20 años.
Si no nos ajustamos los pantalones ya y limitamos el sistema de reparto, mi generación no solo se quedará sin pensión, sino también con un país sin finanzas públicas.
Necesitamos, ahora más que nunca, que ruja el Tigre.