Tribuna Universitaria

Tres excusas para un mesías

Jerome Sanabria

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“Tenemos que ser dignos en lo público y en lo privado”, dijo el presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia tras conocerse el video de Gustavo Petro con Deicy Jiménez. Esa debería ser la postura de todo el país, por tres razones.

Desde que estalló el escándalo de los “sexocontratos”, los defensores del expresidente empezaron diciendo que Deicy mentía y que su denuncia era una cortina de humo. Cuando se publicó el video que probaba su relación íntima, dijeron que Petro tenía derecho a tener relaciones sexuales como cualquier persona. Cuando se supo que Deicy tuvo diez contratos con el Estado por $133,5 millones, los muchachos petristas respondieron que eso no demostraba ningún favorecimiento.

Y ahora que se conocen los chats en los que Petro, siendo presidente, le envía la hoja de vida de Deicy a la directora del Dapre y pide que la mantengan en un contrato del MinInterior, los petristas siguen diciendo que no hay prueba de nada. ¿Se dan cuenta de cómo han cambiado de narrativa tres veces para seguir justificando a su mesías?

Pero no se dejen confundir. Hay quienes dicen que no debería importarnos lo que el expresidente hacía con su vida privada. Discrepo: un presidente no puede sustraerse del escrutinio público invocando su intimidad. Y hay tres razones para ello.

La primera es la investidura. Ser el primer mandatario de todos los colombianos exige un estándar de conducta más alto que el de cualquier ciudadano. Quien nos dirige debe honrar la dignidad del cargo que ostenta.

La segunda es que la vida privada deja de ser un asunto exclusivamente privado cuando aparecen contratos pagados con recursos públicos. Piensen qué habría hecho la izquierda selectiva si Álvaro Uribe o Iván Duque hubieran entregado contratos a cambio de favores sexuales. Ya estarían incendiando el país.

La tercera es la asimetría de poder. Según el relato de Deicy, cuando comenzó la relación ella tenía 19 años y él 59, era senador y luego se convirtió en presidente. Entre una joven que depende de un contrato de prestación de servicios y el hombre más poderoso del país no existe una relación equitativa. Es precisamente el tipo de asimetría que el feminismo lleva décadas denunciando.

Por eso, lo peor no es que cambien de discurso, sino el ensordecedor silencio de las feministas. Las mismas que pregonaban el #MeToo y el #YoTeCreo, y exigían creerles a las denunciantes a partir de sus testimonios, hoy le exigen a Deicy cada vez más pruebas. La meta se mueve cada vez que ella aporta una nueva evidencia, pues el problema nunca fue la falta de pruebas, sino quién es el acusado.

Quién lo diría: las feministas de izquierda comportándose como un machito opresor. Si solo les indignan los “machitos” de derecha, pero callan frente al “machito” mayor de la izquierda, es porque nunca les han importado realmente las mujeres.

Anticipo lo que viene: aparecerán más pruebas sobre los “sexocontratos” y, cuando ya no puedan defender a Petro, intentarán desconocerlo. Dirán que no es un verdadero progresista y que sus luchas nunca los representaron. Desde la izquierda ya empezó a hacerlo Iván Gallo.

Se equivocan. Petro sí representa perfectamente lo que es la izquierda: deshonestidad intelectual, doble moral y bajeza ética.

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