Analistas

Ultra neofascista

Jerome Sanabria

La semana pasada recibí un virulento ataque desde X que terminó convertido en un ‘efecto boomerang’. Conté con gran alegría que estaba terminando unas charlas en empresas sobre la importancia de la supervivencia democrática. Sin embargo, no tardaron en llegar ciertos comentarios malintencionados que sugerían que yo estaba diciéndoles a los trabajadores por quién debían votar.

Uno de esos comentarios provino de la reconocida periodista Ana Bejarano, quien afirmó que yo “adoctriné” a los trabajadores con mi ideología y con mi partido “ultra neofascista”, en donde además me “tienen hablando desde el odio”. Claramente, sus palabras fueron un intento de aniquilación moral.

Sugerir que hablar con trabajadores sobre la importancia de no dejar en manos de otros las decisiones sobre sus propias vidas es adoctrinamiento no tiene sentido. Lo que sí podría encajar en ese señalamiento es lo que hacen ciertos políticos -como, por ejemplo, Iván Cepeda- cuando van a gremios a hablar con empleados sobre sus planes de gobierno sin permitirles siquiera el derecho a réplica o a contrapregunta. O lo que hace Fecode con los niños en las aulas.

Luego, tachar a mi ideología y a mi partido (que, por cierto, no tengo) como “ultra neofascista” es profundamente peligroso y malintencionado. Más aún cuando soy libertaria y, por ende, defensora de que el Estado se entrometa lo menos posible en la vida y en los bolsillos de la gente.

El fascismo es exactamente lo contrario: un sistema autoritario, antiliberal y nacionalista en el que el Estado pretende abarcarlo todo. Mejor resumido, imposible, en esta frase de Mussolini: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”.

Que Bejarano me llame “ultra neofascista” resulta especialmente peligroso en un país donde hace menos de un año asesinaron a Miguel Uribe por defender unos ideales con los que me identifico.

Por último, que sugiera que “en mi partido me dicen cómo hablar” es profundamente machista. Bejarano me quita mi agencia como mujer para insinuar que solo “hago caso” o sigo órdenes. Curioso que ese comentario venga de alguien que se presenta como feminista.

El comentario de Bejarano -ampliamente difundido entre opinadores ‘bienpensantes’, entre ellos, sorpresivamente, también Juan Daniel Oviedo- me dio una idea: darle vuelta al asunto y crear un correo electrónico para que más empresas pudieran contactarme para realizar estas charlas con sus empleados.

Así nació GraciasAnaBejarano@gmail.com

He recibido respuesta de 62 empresas. Convertir la injuria en una oportunidad resultó ser, sin duda, una mejor idea.

Pero más allá de este ‘efecto boomerang’, confieso que también me preocupa y me decepciona el hecho de que una persona con una posición social alta, con acceso a medios y con prestigio en ciertos círculos ‘bienpensantes’, se sienta con el poder de llamarme “ultra neofascista”.

Lo que les molesta a Bejarano y a los sectores que la rodean es que una joven de 19 años, que vive en San Cristóbal Sur, defienda las ideas de la libertad y haya logrado superarse y visibilizar su voz en el debate nacional. Les molesta que me salga del libreto.

Cuando el debate político se reemplaza por la descalificación moral y la deshumanización del otro, la democracia -precisamente lo que defiendo en mis charlas- empieza a diluirse.

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