Analistas 24/08/2026

Aliviar, reconstruir

Jonathan Malagón
Presidente de Asobancaria

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Hay momentos en los que un país descubre que las bondades de la infraestructura van más allá de la construcción en sí misma. Una carretera destruida puede aislar una población, un puente caído interrumpir el comercio y una red eléctrica fuera de servicio paralizar una ciudad. Pero hay otras redes que tampoco pueden detenerse, las que permiten retirar dinero, recibir una transferencia, pagar una compra, mantener abierto un negocio o disponer de los ahorros de toda una vida. El terremoto del pasado 10 de agosto nos recordó, de la manera más dolorosa, que el sistema financiero también hace parte de esa infraestructura esencial.

El terremoto no solo derribó paredes en Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Quindío y Chocó. También desordenó las finanzas de miles de hogares. Una familia que perdió su casa sigue teniendo una cuota de vivienda por pagar; un comerciante que se quedó sin local, un crédito vigente; y un trabajador cuyo ingreso se interrumpió, obligaciones que no se detuvieron con el sismo. Esa es la segunda emergencia, frente a la cual el sistema financiero también ha respondido desde el primer momento.

Por eso, junto con el Gobierno Nacional, la banca colombiana puso en marcha ayudas y alivios que ascienden hasta 1,1 billones de pesos para las familias afectadas. Es un espacio real de respiro para quien lo perdió todo y una forma concreta de contribuir a la recuperación.

El paquete contempla tres elementos. Periodos de gracia que, según el caso, el tipo de crédito y cada banco, pueden llegar hasta 12 meses; la condonación de los intereses de ese periodo, que no se cobran ni se acumulan; y la protección del historial crediticio, pues acogerse a estos alivios no genera reporte negativo en centrales de riesgo ni deteriora la calificación crediticia. Quien recibe ayuda hoy no puede quedar castigado mañana, justo cuando necesite un crédito para reconstruir lo que perdió.

Mientras avanzaban las labores de atención humanitaria, comenzó otra tarea menos visible, y era la de recuperar la infraestructura financiera. En los cinco departamentos afectados, 35% de las oficinas bancarias resultó golpeado y 46% de los cajeros automáticos quedó fuera de operación o sufrió alguna afectación. Prácticamente uno de cada dos cajeros dejó de funcionar cuando miles de familias más necesitaban acceder a sus recursos.

La respuesta ha sido rápida. Apenas doce días después del terremoto, ya se había recuperado 65% de las oficinas afectadas y 67% de los cajeros. En Valle del Cauca, 89% de las oficinas y 72% de los cajeros estaban nuevamente operativos; en Caldas, 76% y 78%; en Quindío, 73% y 82%; en Chocó, 82% y 45%; y en Risaralda, 48% y 55%. Los canales telefónicos y digitales, entretanto, nunca dejaron de estar abiertos.

Detrás de esos porcentajes hay historias que difícilmente caben en una hoja de cálculo. Una familia que pudo retirar dinero, un comerciante que volvió a recibir pagos, una empresa que pudo pagar su nómina o un adulto mayor que recuperó el acceso a su pensión. Para miles de personas, volver a utilizar un cajero significó recuperar un pequeño pedazo de normalidad.

A esta respuesta se suman las iniciativas de cada entidad. Varios bancos ofrecen productos y tasas diferenciales para los damnificados, incluidas condiciones preferenciales de vivienda, y en las próximas semanas se anunciarán medidas complementarias.

Todavía falta mucho por hacer. Recuperar un cajero es más sencillo que reconstruir una vivienda, y abrir una oficina no repara el dolor de una familia que lo perdió todo. Un país comienza a recuperarse cuando vuelve la luz, se abre una carretera y una familia puede regresar a casa. Pero también cuando vuelve a circular el dinero, un negocio levanta su persiana y quien lo perdió casi todo encuentra los recursos y el tiempo para empezar otra vez.

Porque reconstruir un país no consiste únicamente en volver a levantar lo que cayó. También significa darles a quienes fueron golpeados por la tragedia el tiempo, las condiciones y las herramientas para recuperar sus proyectos de vida y volver a empezar. Ese es también el papel que puede cumplir el sistema financiero en momentos como este, acompañar la emergencia, facilitar la recuperación y ayudar a que hogares y empresas puedan ponerse nuevamente en marcha. Ahí también comienza la reconstrucción.

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