Analistas 10/08/2026

El IoT como garantía

Jonathan Malagón
Presidente de Asobancaria

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La semana pasada, Apple lanzó su programa de leasing para dispositivos, con gran repercusión. Las acciones de Klarna, el banco sueco detrás del esquema, subieron cerca de 9% tras el anuncio. El producto, que por ahora solo está disponible para residentes en Estados Unidos, es indudablemente llamativo. Ofrece un iPhone de último modelo a cambio de US$18 mensuales, con la posibilidad de, al final del plazo, ejercer una opción de compra o continuar en el programa con un ‘upgrade’ de dispositivo.

Pero más allá de los detalles, y del revuelo que generó, el verdadero protagonista detrás de este producto es el internet de las cosas (IoT) haciendo el papel de garantía financiera. Que un dispositivo, sea un teléfono, un vehículo o alguna maquinaria pesada, esté conectado a internet y pueda ser monitoreado directa o indirectamente por el financiador, es sinónimo de confianza, en la medida en que afina el análisis de gestión de riesgo, determina el valor real del activo e incluso puede tener la habilidad de restringir su uso ante un incumplimiento de pago.

La conectividad permite que el respaldo ya no sea un activo externo, sino el propio bien financiado, capaz de reportar en todo momento el estado del bien y el cumplimiento del contrato. Y con esa mayor confianza se habilitan nuevos productos financieros bajo el esquema de leasing, más flexibles y ajustados al uso real del bien.

El valor no está en que se castigue la mora, sino en que esa posibilidad es justamente lo que le permite al financiador arriesgarse con negocios de leasing que antes no contemplaba. Y esa transparencia es recíproca, ya que así como el financiador conoce mejor el estado real del activo y tiene más certidumbre de lo pactado, el cliente también sale ganando. El locatario o arrendatario accede a mejores condiciones porque implica menos riesgo, puede convertir su bien en liquidez de forma más ágil, pues su valor es comprobable, y descarta el uso de garantías adicionales.

Ese cambio en la ecuación de riesgo abre la puerta a negocios que hoy -en el papel- parecen tickets pequeños, como electrodomésticos o equipos electrónicos, en principio menos atractivos para la banca tradicional, porque el costo de monitorear y recuperar un bien de bajo valor rara vez compensa el tamaño de la operación. Con lo planteado, esa operación deja de ser costosa de vigilar y se vuelve un negocio viable y masificable; un beneficio que también aplica, aunque de otra forma, a la maquinaria pesada, mercado en el que la banca ya juega un gran papel.

Colombia, además, ya tiene las bases jurídicas sentadas. La Ley 1676 de 2013 amplió el universo de bienes que pueden respaldar un crédito y creó el Registro de Garantías Mobiliarias. De hecho, varios negocios de movilidad urbana en el país ya operan gracias a la conectividad de sus vehículos. Aquí no falta una reforma normativa, sino la infraestructura de datos y las alianzas que traduzcan esa conectividad en decisiones de financiación.

Impulsar el leasing operativo sobre activos conectados es una oportunidad natural en una economía que hoy se mueve por el consumo. Es, además, una herramienta por explorar para apalancar la formación bruta de capital que tanto necesitamos. En algunos mercados, fintech y financiadores no bancarios ya acaparan este tipo de negocios; en otros, la banca ya entró en el juego y está pisando fuerte. En Colombia todavía hay mucho margen de acción, y bajo este planteamiento se abren nuevas oportunidades de financiamiento en pro de los colombianos. La banca queda entonces con dos alternativas: ser protagonista de esta nueva generación de garantías o solo espectadora.

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