Analistas 07/09/2026

Hackatón

Jonathan Malagón
Presidente de Asobancaria

La transformación digital no solo está cambiando la manera en que el sistema financiero presta sus servicios. Está cambiando las reglas del juego. La inteligencia artificial, la nube y el big data redefinen procesos, decisiones, formas de gestionar el riesgo, pero también abren la puerta a nuevos espacios para el fraude.

Según Interpol, el fraude financiero está hoy entre las principales amenazas criminales del mundo, con pérdidas anuales estimadas en US$442.000 millones. En Colombia, durante 2025, la banca reportó más de 765.000 reclamaciones por fraude, por un monto superior a $967.000 millones. El 83,8% ocurrió en operaciones por internet.

Frente a esta realidad, la pregunta se vuelve inevitable. ¿Puede la auditoría interna seguir haciendo las cosas como siempre? La respuesta es no. El desafío ya no es solo verificar que los controles funcionen, sino desarrollar la capacidad de leer señales, encontrar patrones, anticiparse. Dicho de otro modo, pasar del enfoque retrospectivo al prospectivo.

De esa convicción nació, en 2024, la Hackatón de Auditores de Asobancaria, una iniciativa del Comité de Auditores. La apuesta era simple y a la vez ambiciosa: poner a los auditores frente a problemas reales y demostrar que la tecnología también puede transformar su manera de trabajar.

La primera edición fue, literalmente, un examen de lectura. Los equipos debían extraer información de pagarés escaneados y de difícil interpretación, usando herramientas gratuitas de IA y programación en Python, y tenían apenas cinco minutos para explicar ante un jurado cómo habían llegado a sus resultados. La competencia era solo el pretexto; el verdadero propósito era aprender haciendo.

Dos años después, este 3 de septiembre, la Hackatón llegó a su tercera edición con una novedad. Por primera vez reunió a distintos gremios del sector financiero, además de Asobancaria, entre ellos Fasecolda, Afic, Asomicrofinanzas, Asofondos y Asofiduciarias. Porque la diversidad también es innovación: poder mirar un mismo problema desde ángulos distintos.

El reto de esta edición apuntó justo hacia donde debe avanzar la auditoría. Los equipos debían construir un modelo predictivo capaz de identificar cuentas con alta probabilidad de estar involucradas en fraude transaccional, combinando datos de transacciones, variables demográficas, niveles de endeudamiento, dispositivos usados y cambios recientes en la información de contacto.

Y ahí, quizás, está la verdadera lección. La transformación no depende de tener los algoritmos más sofisticados ni de acumular más datos. Depende de saber relacionarlos y, sobre todo, de saber qué preguntarles. La tecnología encuentra patrones que ningún ojo humano detectaría, pero es el conocimiento del negocio el que decide cuáles de esos patrones importan.

La Hackatón de Auditoría es, entonces, más que una competencia tecnológica. Es un espacio para experimentar, para equivocarse, para compartir y para cuestionar la forma tradicional de auditar. Innovar no es solo incorporar herramientas nuevas, es aprender a pensar distinto. Si los riesgos evolucionan cada vez más rápido, la auditoría no tiene otra opción que hacerlo también. El auditor del futuro no será quien encuentre lo que salió mal, sino quien sepa leer las señales antes de que el error ocurra.

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