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Detrás de muchas historias de progreso hay un crédito, el motor que permite a una familia comprar vivienda, a un emprendedor abrir su negocio o a un joven financiar su educación. La evidencia empírica lo respalda, pues los países con mayor profundización financiera, es decir, con más crédito en proporción a su PIB, crecen más y reducen más rápido la pobreza.
Colombia, sin embargo, aprovecha ese motor a medias. La profundización financiera ronda hoy 44% del PIB, lejos de 65%, que en Asobancaria estimamos como nivel óptimo. Y aunque 97% de los adultos tiene algún producto financiero, apenas 52% accede a crédito formal. Nuestra meta es llevar esa cifra a 75%, un reto que exige incorporar a cerca de diez millones de colombianos. Para lograrlo, hay que trabajar en dos frentes: otorgar un primer producto a quien nunca lo ha tenido y reintegrar a una parte sustancial de la población que había ingresado al sistema financiero adquiriendo un crédito, pero salió de él al no poder pagar su deuda. A esto último nos referimos con la rebancarización, a ingresar nuevamente a estas personas al sistema.
Los estudios muestran que la población que salió del sistema por impago supera los 8 millones de adultos, hoy reportados en centrales de riesgo, de los cuales 1,6 millones tuvieron incumplimientos con montos inferiores a $1 millón. Esta es la verdadera tragedia, una población excluida que queda a merced del gota a gota. Por eso debemos trabajar en incluirla de nuevo al sistema financiero formal, no solo para combatir ese flagelo, sino para alcanzar la meta de inclusión crediticia que nos propusimos. De ahí la importancia estratégica de la rebancarización en Colombia.
Rebancarizar, sin embargo, no es solo reabrir la puerta del crédito, pues según Banca de las Oportunidades, uno de cada cuatro adultos que regresa al crédito vuelve a caer en mora temprana. El reto, entonces, es la permanencia, y alcanzarla exige una transición progresiva que reconstruya hábitos de pago y de ahorro. Con ese propósito, desde la banca planteamos la Estrategia de Rebancarización, un programa que consta de dos etapas.
La primera, un esfuerzo propio de la banca, busca reincorporar a los 1,6 millones de colombianos reportados por obligaciones inferiores a $1 millón. Para ellos proponemos un proceso progresivo: conocer sus hábitos de pago antes del reporte e identificar a quienes cumplían hasta enfrentar un imprevisto; recuperar la deuda en mora mediante planes acordes con su situación financiera; reconstruir hábitos de pago y ahorro con la ayuda de aliados del sector; y, finalmente, graduarlos hacia nuevos créditos cuyos montos crezcan con su buen comportamiento. Este recorrido tomaría entre seis y doce meses.
La segunda etapa busca reincorporar a otros 3,4 millones de colombianos. Por tratarse de una población de mayor complejidad y riesgo, el esfuerzo de los bancos no basta. Se necesita una política pública que reduzca costos, comparta riesgos y genere incentivos para volver a abrirles las puertas del crédito formal.
Por eso proponemos una Política Nacional de Rebancarización. Las entidades que conozcan, recuperen, eduquen y gradúen a esta población podrían aplicar tasas flexibles, cobrar una comisión, como la que impulsó el despegue del microcrédito, acceder a condiciones prudenciales especiales y contar con líneas específicas del Fondo Nacional de Garantías. No se trata de relajar los estándares crediticios, sino de construir instrumentos que hagan viable esta segunda oportunidad.
En la pasada Convención Bancaria asumimos el compromiso de rebancarizar a cinco millones de colombianos y arrebatárselos al gota a gota. Con el esfuerzo inicial e inmediato de la banca y, posteriormente, con una política que comparta el riesgo, esa meta estará a nuestro alcance, porque las segundas oportunidades se construyen.