Durante los últimos 14 años, el sector financiero ha transformado la manera de acompañar a los colombianos. Ha mejorado la experiencia de sus usuarios, ampliado sus oportunidades y facilitado la financiación de sus negocios, su educación y sus metas. Esta evolución también exige fortalecer la confianza que sostiene la relación entre la banca y las personas. Cuidar los ahorros implica, cada vez más, proteger también la información y la identidad de quienes los depositan.
Prevenir y mitigar el fraude es, por ello, un reto permanente. Como un virus, sus modalidades mutan y se adaptan para encontrar nuevas formas de vulnerar las defensas. En 2012, 35,9% de los casos se cometía a través de canales físicos, principalmente contra tarjetas de crédito y débito. El skimming, conocido como clonación de tarjetas, era una de las modalidades frecuentes.
Actualmente, 85,1% de los fraudes relacionados con el robo de datos, credenciales de aplicaciones móviles e información de tarjetas se concentra en canales digitales. Modalidades como el phishing, que utiliza mensajes y sitios falsos para obtener información confidencial, pueden comprometer tanto el dinero como la identidad de los usuarios.
En el conjunto del sector bancario, los canales digitales representan el 78,8% de las reclamaciones por fraude en 2026, 42,9% más que en 2012. Frente a este desafío, las entidades han fortalecido sus capacidades tecnológicas y de respuesta, lo que ha permitido que los casos de fraude, hoy, equivalgan a 0,0068% del total de operaciones digitales. Sin embargo, aunque esta proporción es reducida, cada caso importa, pues detrás de las cifras hay personas cuyo patrimonio y confianza pueden verse afectados.
La inteligencia artificial generativa abrió un nuevo frente para el fraude. Los deepfakes, imágenes, videos y audios manipulados capaces de reproducir rostros y voces con sorprendente realismo, están borrando la frontera entre una interacción auténtica y una suplantación. Ya no basta con ver o escuchar para creer.
Un caso reciente en Singapur ilustra su alcance. Mediante deepfakes, una falsa reunión virtual y documentación fraudulenta, delincuentes se hicieron pasar por altos funcionarios del Gobierno y lograron que un empresario transfiriera al menos US$3,8 millones. Este no fue un hecho aislado. Según el informe de fraude de identidad 2025-2026 de Sumsub, los ataques de fraude sofisticado analizados por la compañía aumentaron 180% en 2025.
Entre ellos figuran los deepfakes, las identidades sintéticas y la manipulación de señales técnicas utilizadas para detectar actividades sospechosas. Estas amenazas también empiezan a evidenciarse en Colombia y muestran que la identidad se ha convertido en uno de los principales objetivos del fraude moderno.
La respuesta de la banca, en este escenario, ha sido contundente. En 2023, Asobancaria desarrolló S.A.F.E., una estrategia integral que aborda la seguridad desde cuatro dimensiones que comprenden la tecnología y las plataformas digitales, la articulación con actores y autoridades, la protección física y la experiencia del usuario. Bajo este enfoque, el sector ha impulsado la autenticación multifactor, que exige más de una comprobación de identidad, junto con la biometría, el monitoreo transaccional y la inteligencia artificial. Estas herramientas permiten identificar comportamientos inusuales, anticipar amenazas y contener sus efectos.
Ante un fraude que cambia de rostro, proteger a los usuarios exige innovar, fortalecer la coordinación con las autoridades y adaptar continuamente las herramientas de prevención y respuesta. El compromiso de la banca es que la transformación de los servicios financieros avance de la mano de su seguridad. Porque proteger la identidad de los colombianos es también proteger sus ahorros, sus oportunidades y la confianza con la que construyen su futuro.