Potencial real de la facturación electrónica en Colombia

El cambio real se verá en la Pyme, pues la posibilidad de acceso a un ciclo completamente digital, contribuye no solo en sus estructuras de costos, sino también en su eficiencia operativa y funcional.

Jorge Enrique Cote

Mucho se ha discutido desde que entró en vigencia el decreto 2242 mediante el cual la Dian, muy acertadamente, reglamenta y hace obligatoria la factura electrónica en Colombia. Expertos, proveedores, la misma Dian; hablan de sus beneficios, ahorros operativos. También se discute mucho sobre su obligatoriedad y el obvio impacto que tendrá sobre el recaudo directo en IVA e Impoconsumo e indirecto en Imporenta.

Ahora bien, cuando pase el afán, las carreras de última hora y los retos de la implementación. Cuando estén operando los múltiples proveedores y facturadores emisores y receptores vendrá lo verdaderamente interesante.
¿Cuál es el real impacto que tendrá entonces la factura electrónica, implementada además en pleno 2018, en la era digital? El real impacto es que la “desmaterialización” (ojo, muy diferente de digitalización) de la factura en realidad completa un ciclo que se viene gestando hace más de 15 años. Con la llegada de los ERP’s, CRM’s y otras tecnologías, muchas empresas hoy administran su contabilidad, producción, suministro, ventas de manera electrónica de la misma forma en que gestionan sus clientes y los procesos requeridos para atenderlos.

Dentro del ciclo transaccional, una empresa recibe una orden de compra, planean su producción basados en esas compras y los reportes de ventas e inventarios que también se intercambian electrónicamente, abastecen su planta, manufacturan, despachan la mercancía y la acompañan de notificaciones electrónicas a sus clientes y los clientes confirman el recibido de la mercancía para finalmente facturar… en papel. La factura electrónica cierra el ciclo electrónico hasta ahora interrumpido por su no obligatoriedad, pues como documento electrónico existe desde 1997.

El gran cambio no será en las grandes empresas del país, pues ellas muy rápidamente cerrarán el ciclo, logrando eficiencias, disminución de errores, mejores manejos de inventario. El cambio real se verá en la Pyme, pues la posibilidad de acceso a un ciclo completamente digital, contribuye no solo en sus estructuras de costos, sino también en su eficiencia operativa y funcional. La cantidad de conexiones informáticas que hacen realidad la factura electrónica, harán realidad un gigantesco ecosistema de EDI (Electronic Data Interchange), dando un paso más hacia una Colombia más digital.

Lo que se deriva de esta nube de conexiones electrónicas es, en primera medida exactitud en la comunicación entre empresas, entre departamentos de empresas y entre las empresas con el Estado.

Sin embargo, esta es solo la punta del iceberg, pues el real potencial se deriva de la analítica. Con la integración de la facturación electrónica a EDI, la consolidación de los datos transaccionales de miles de empresas, se libera un potencial de análisis de mercado, en tiempo real y hasta política pública. Esto impacta directamente en la competitividad de los diferentes sectores, de las empresas y del país, pues lograr entender la dinámica transaccional del país en tiempo real permite tomar decisiones más rápidas y más acertadas.

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