El fin de la regulación ex ante
Mientras el mundo se debate en el conflicto bélico en el Medio Oriente, la guerra continúa en el mundo digital. No se ha detenido la carrera por el dominio de la infraestructura digital y la inteligencia artificial (IA).
¿Quién sabe qué es la regulación ex ante? Pocos. Pero deben saberlo las autoridades regulatorias de telecomunicaciones, antimonopolio y los legisladores, pues esta reflexión les afecta y deberán hacer algo pronto.
La regulación ex ante está colapsando y su eliminación es la única alternativa para garantizar una sociedad digital competitiva, innovadora e incluyente.
¿Qué es la regulación ex ante? Es un enfoque regulatorio en el sector de las telecomunicaciones, nacido en Europa y adoptado en América Latina, donde la ley establece regulación asimétrica antes de que ocurra un comportamiento en contra del sistema de competencia. Busca evitar fallos de mercado. La regulación ex ante busca anticiparse al problema, en vez de actuar después de que suceda: ex post.
La obsesión por regular. Europa la inventó y vivió obsesionada con ella. ¿Resultado? Obtuvo un enorme aparato burocrático, costoso y obsoleto, donde actualmente hay más de 60 operadores de telecomunicaciones con problemas financieros, sin escala, con inversión insuficiente, sin rentabilidad ni innovación. Europa no puede competir contra China y Estados Unidos, que tienen solo tres operadores de telecomunicaciones cada uno.
¿La solución, según Mario Draghi? Pausa regulatoria. ¿A qué? A toda la sobreregulación en este sector, entre ella, la que prohibía la consolidación y el crecimiento de los operadores de redes de telecomunicaciones.
Nace la nueva Ley de Redes Digitales de la Unión Europea (DNA). La DNA ha pasado de un modelo basado en la obsesiva intervención de los mercados a uno basado en la simplificación, la escala y la competitividad. La DNA es la respuesta legislativa más ambiciosa de la última década y busca transformar a Europa en un Mercado Único de conectividad.
Cuenta con 200 artículos y se organiza en torno a siete capítulos temáticos, pero sobresalen dos: Mercado Único y Simplificación. Te registras una vez, operas en toda Europa. Esto permite la fusión, consolidación, capitalización y desaparición de la destructiva regulación ex ante, que mata la inversión, la inclusión, el mercado y los derechos digitales.
La ley busca que Europa recupere terreno frente a EE. UU. y China, liberando inversiones y generando escala y competitividad:
Reducción de costos operativos: la simplificación reduce la carga administrativa, permitiendo que el capital se destine a innovación y no a burocracia regulatoria.
Consolidación del mercado: los operadores pueden consolidarse y crecer para competir en igualdad de condiciones con los gigantes tecnológicos.
El cobre desaparece: hay un plan de transición para que el cobre desaparezca totalmente antes de 2035. Esto permite a las operadoras dejar de mantener infraestructuras obsoletas y costosas, centrando sus recursos en la fibra óptica.
Cooperación (fair share): la ley no impuso un “peaje” obligatorio a las plataformas digitales. La ley crea un mecanismo de “conciliación voluntaria” para que las plataformas conversen.
Esta semana, At&t-EE. UU. anunció una inversión por US$250.000 millones en infraestructura, y China multiplicará por 100 la actual.
Hay que desregular el sector de la infraestructura digital. El fin de la regulación ex ante.