El salto que falta: Colombia y la inteligencia artificial
América Latina empieza a definir qué países definirán las reglas del juego en materia de inteligencia artificial (IA). El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (Ilia) 2026, elaborado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile (Cenia) y la Cepal, ofrece una cartografía tan fascinante como perturbadora.
En este mapa, Colombia emerge con una posición notable: ocupa el cuarto lugar de América Latina con una puntuación global de 56.8 sobre 100. Colombia encabeza el bloque de naciones “adoptantes”, superando a economías de mayor envergadura industrial como México 52.0 y Argentina 55.6, y situándose únicamente por detrás del trío liderado por Chile 71.4, Brasil 68.4 y Uruguay 67.0.
Este puesto no es azar, ya que cuenta con un Ministerio TIC, que da constancia a la formulación de políticas públicas. Sus marcos normativos, su estrategia nacional y las políticas de datos abiertos le otorgan una agilidad institucional superior a sus vecinos, ubicándose en el segundo lugar en Gobernanza y Ética de IA.
Sin embargo, el informe plantea una paradoja: ¿puede un país sostener un liderazgo en gobernanza cuando su infraestructura digital y sus niveles de inversión privada operan a media marcha? Sostengo que no. La solidez institucional choca con barreras estructurales que estancan su progreso: Infraestructura digital. Nada nuevo, con 50.2 puntos en infraestructura, Colombia evidencia las restricciones de su red de conectividad.
Desarrollar y adaptar modelos avanzados de IA requiere una capacidad de supercomputo, redes de fibra óptica y 5G con las que el país aún no cuenta a escala masiva.
Sin centros de datos soberanos ni capacidad de cómputo accesible, se encarece la innovación local. Una larga historia de populismo en el sector de las telecomunicaciones ha retrasado el éxito en este sector. La consolidación de Millicom, abre una puerta a la escala y al abandono de políticas que permitieron la entrada de empresas sin dimensión, capital para invertir; y que disponen de espectro radioeléctrico que, en manos correctas, incrementarían la inversión y calidad del servicio.
Bogotá y Medellín se han consolidado hubs de emprendimiento, pero la captación de capital de riesgo para startups de IA sigue siendo modesta. Países como Brasil y Chile multiplican la inversión privada per cápita. En Colombia, el financiamiento a proyectos de IA continúa recayendo desproporcionadamente en fondos públicos o cooperación internacional. El 27.6% de las grandes corporaciones utiliza IA frente a solo un 6.8% de las Pymes. En el contexto colombiano, esta brecha tecnológica amenaza con profundizar la baja productividad del país.
En el ámbito de la formación académica y la investigación, Colombia ocupa la cuarta y quinta posición regional respectivamente. No obstante, se observa una fuerte centralización territorial. Si la formación de capacidades no se democratiza en los territorios, la IA correrá el riesgo de convertirse en un privilegio urbano en lugar de un motor de inclusión social y económica.
Colombia debe ejecutar una hoja de ruta con cuatro acciones prioritarias: Supercomputo e Infraestructura Soberana; IA para la Pymes; descentralización del Talento y Becas en IA; y, desregular el mercado de conectividad, permitiendo invertir, competir y desplegar la mejor conectividad posible.
Colombia ha demostrado visión para destacar en la economía digital, pero, si el país no invierte en su infraestructura (Redes 5G Stand Alone, Centros de Datos y computo); no democratiza el acceso de la IA en sus empresas; y no promueve capital privado hacia la innovación, corre el riesgo de perder una oportunidad histórica.
Colombia puede dar el salto: la oportunidad es real, pero falta conectividad, inversión y ejecución.