Analistas

Paradoja del ejecutor

Jorge Hernán Peláez

Recientes cuestionamientos han surgido en torno a los llamados “alcaldes del cemento” que de manera despectiva han sido señalados por quienes sin percatarse están describiendo también a ejecutores de obras. Es la paradoja contemporánea de la gestión pública, mientras opositores desprecian el progreso los beneficiarios en ocasiones ven la utilidad de los proyectos únicamente en el largo plazo. Un ejemplo de esto es la ciudad de Cartagena, que estuvo los últimos años paralizada en el tiempo, congelada por la inacción burocrática. El panorama de 2026 es otro. Es una ciudad que pasa por un gran momento de transformación. Eso sí hay críticas permanentes de un sector ciudadano junto a una curiosa satanización del cemento.

No es gratis que en plena campaña presidencial, los simpatizantes del actual gobierno usaran la oposición a los alcaldes de las grandes ciudades como parte de su estrategia narrativa. Alejandro Eder, Carlos Fernando Galán, Federico Gutiérrez y Dumek Turbay inevitablemente se convirtieron en un enemigo dentro del discurso del Pacto Histórico. Ellos ocupan lugares de favorabilidad a nivel territorial y nacional, mientras desde el gobierno central prácticamente se anuló todo aporte para estos procesos en esas ciudades. El ciudadano de a pie ve cómo su parque, su calle, y la movilidad de su ciudad mejora. Hay un común denominador negativo y está relacionado con los indicadores de seguridad, la salud y superación de la pobreza que no escapan del difícil panorama de estos sectores en todo el país, y que hoy, se refleja igual en todo el territorio colombiano, pues siguen siendo asignaturas del de alcance nacional que se quedaron sin resolver entre reformas y soluciones de fondo en estos últimos 4 años por parte de Petro y su equipo.

Las transformaciones de infraestructura de las ciudades capitales tienen al cemento como su gran aliado. Así como es imposible construir sin cemento, vías y megaproyectos como el “Gran Malecón del Mar” que promete ser un gran atractivo para cartageneros y visitantes, también es necesario para construir colegios, hospitales, vías y parques. Barranquilla ha mostrado un excelente ejemplo con el “Gran Malecón del Río” desde 2023 certificado como destino turístico sostenible

¿Cómo continuará la senda del desarrollo urbano sin cemento? ¿No habrá más hospitales ni colegios? No podemos volver a los desgobiernos de carreta y retórica que abandonan las grandes obras. Ese “bendito cemento” genera empleo, cambia el barro y el hueco por progreso en calles y sectores intransitables. Muchas trochas abandonadas pasaron a ser vías claves de movilidad. Lo mismo sucede con elefantes blancos de la salud convertidos en hospitales públicos habilitados.

El egoísmo político acaba con ciudades y naciones. No solo Cartagena sino todo el país necesita seguir por ese camino trazado de avanzar con propuestas objetivas. Los ciudadanos prefieren construir y reconstruir una ciudad. A los alcaldes les toca convivir con esa oposición permanente, que en estos últimos tiempos ha sido ligada al cemento. En el caso de Bogotá, la mayoría de habitantes de la capital están a la expectativa de la finalización del Metro línea 1. Nada más satisfactorio para una ciudad que una obra de infraestructura completada.

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