Sin toque femenino

Jorge Hernán Peláez

Comenzaron los debates presidenciales en televisión con canales regionales buscando que la población colombiana pueda observar a quienes estarán compitiendo por la primera vuelta el próximo 27 de mayo. En la misma semana dos muy interesantes formatos mostraron algo de las propuestas de los candidatos. Vendrán otros espacios televisados y muchos foros en donde con la tecnología streaming de audio o video la gente va a poder entender un poco más el plan de cada aspirante a la Presidencia de la República.

Es lamentable que no hayamos tenido la participación femenina en los mismos. Las encuestadoras muestran con diferentes metodologías que Piedad Córdoba y Vivianne Morales no tienen porcentajes significativos, comparados contra los que van punteando. La tendencia va a ser muy difícil de revertir si no las invitan, o no van a los debates. Es un mensaje subliminal implacable. Simplemente no están.

De la candidata Córdoba, hay amantes y contradictores. Hay declaraciones y escenas polémicas en su historial como senadora del Partido Liberal. Su participación en la liberación de varios secuestrados por la guerrilla la convirtió en un actor humanitario importante. Sus declaraciones con respecto al proceso de paz, cuando ni siquiera era una realidad, fueron siempre relevantes, aunque a muchos no les gustara. Hoy se puede decir que fue una mujer que decidió apostar a la paz cuando el tema en la agenda nacional estaba impuesto por el gobierno de turno en otro sentido. Se le abona a Córdoba su carácter, coherencia y sobre todo capacidad de persistir. En una de las propuestas que hizo se atrevió a hablar del IVA, casi que un tabú para otros candidatos cuando entran a terrenos económicos. Tiene una fórmula vicepresidencial muy interesante. Ha resistido golpes y críticas de diferentes tribunas siempre con la cabeza en alto y sonriente.

De la candidata Morales, que también venía de ser miembro del Partido Liberal, hay que abonarle que tiene muchos votos. Su activismo religioso ha crecido y hoy, decenas de iglesias cristianas y evangélicas adhieren a su idea. Los pasos por la Fiscalía y el Congreso le dieron una visibilidad importante, y también, al igual que Córdoba, ha sido señalada por sus ideales y por defender unas causas con las que no están de acuerdo toda la población colombiana. El incómodo esposo no ayuda mucho en el escenario, pero a pesar de esto, ella cree en su causa y ha dado peleas que otros colombianos no quieren dar, especialmente en un mundo donde todos vemos cómo se está modificando gradualmente el concepto de familia.

Nuestro terrorífico machismo arraigado hace que la gran mayoría de la población las vea como candidaturas inviables. Se oye continuamente por ahí a personas decir que Colombia no está preparada para tener a una mujer en el poder. Esto es un error fundamental que está arraigado en el inconsciente de nuestro imaginario popular. Tanto mujeres como hombres tienen insertado en su sistema operativo mental la idea de que la mujer es inferior, que vale menos, y no tiene la capacidad de estar arriba en la cadena de mando. En otros países sería inconcebible que se presentaran por televisión sólo candidatos masculinos, pero aquí a la gran mayoría les parece normal, es decir, ni siquiera lo ven como un problema. Esto demuestra lo grave que es el problema. Hay que incluir a las mujeres, en todos los detalles de nuestra sociedad. Una gran diferencia haría un toque femenino para estos dos meses turbulentos que se vienen.

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