Cinco metas para Colombia 2030
En mis clases suelo preguntar: si una empresa no sabe dónde quiere estar en cinco años, ¿cómo decide dónde invertir, qué capacidades desarrollar y a qué renunciar? La pregunta vale para Colombia: ¿sabemos dónde queremos estar en 2030?
Los países necesitan dirección, no programas e indicadores. Una buena estrategia selecciona pocas prioridades. En las empresas llamamos Mega a una gran aspiración movilizadora, con indicadores y metas para medir el avance.
En el Congreso de la Andi escuché una aspiración: Colombia debería crecer a 5% anual. Me pareció correcta, pero surgió la pregunta que haría en clase: ¿para qué queremos crecer a 5%?
El crecimiento es indispensable, pero insuficiente. Colombia creció 2,6% en 2025. Llegar a 5% casi duplicaría nuestro ritmo y exigiría inversión, productividad, empresas, infraestructura y confianza. Pero crecer no puede ser el propósito de una sociedad.
Amartya Sen recuerda que una sociedad progresa cuando amplía las capacidades reales de las personas para educarse, trabajar, vivir saludablemente, emprender, participar y construir el proyecto de vida que valoran. El crecimiento es un medio; las capacidades humanas, el propósito.
Si Colombia fuera un caso de escuela de negocios, escribiría cinco números:
5% - 450 - 5% - 60% - 80
El primero: 5% de crecimiento anual del PIB. Una economía más dinámica, capaz de producir riqueza, atraer inversión y generar oportunidades de manera sostenible, no solo en un año excepcional.
El segundo: 450 puntos o más en Pisa. En 2022, Colombia obtuvo 383 en matemáticas, 409 en lectura y 411 en ciencias. Alcanzar 450 fortalecería las capacidades de nuestros jóvenes para competir e innovar. Los resultados de Pisa 2025 permitirán recalibrar la meta.
El tercero: menos de 5% de pobreza multidimensional. Colombia cerró 2025 en 9,9%, frente a 11,5% en 2024. La meta no es solo aumentar ingresos, sino superar privaciones en educación, trabajo, salud, vivienda y servicios básicos.
El cuarto: 60% de formalidad laboral. La informalidad representa 54,5% de los ocupados. Formalizar no es perseguir al trabajador informal, sino impulsar empresas productivas y ampliar el acceso a protección social, financiación y capacitación.
El quinto: 80 años de esperanza de vida. Una sociedad que progresa no solo produce más: logra que sus ciudadanos vivan más y mejor. El desarrollo económico debe convertirse en bienestar humano.
Estos cinco números formarían una Mega para Colombia 2030: crecer a 5%, superar 450 puntos en Pisa, reducir la pobreza multidimensional por debajo de 5%, alcanzar 60% de formalidad y llevar la esperanza de vida a 80 años.
Ningún presidente podría lograrlo por decreto. Se requerirían seguridad, instituciones confiables, disciplina fiscal, inversión, infraestructura, productividad, innovación y un Estado más capaz. Pero no confundamos medios con resultados: carreteras, presupuestos o reformas pueden ser necesarios; importa qué resultados producen.
Al terminar una discusión de estrategia, pregunto qué cinco indicadores llevarían a una junta directiva. La restricción obliga a pensar. Colombia debería hacer ese ejercicio.
Tenemos demasiadas discusiones sobre programas, reformas y presupuestos, y pocas sobre resultados nacionales. Colombia no necesita cien prioridades para 2030, sino pocas metas capaces de alinear nuestras decisiones.