Analistas 30/09/2026

Colombia: 7 anclas para crecer al 5%

Jorge Iván Gómez Osorio
Profesor del Inalde Business School
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Si mañana tuviera que convertir la situación económica de Colombia en una clase de estrategia, comenzaría como en el método del caso, con una sola pregunta en el tablero: ¿cómo resolvemos el déficit fiscal colombiano?

Aparecerían las respuestas conocidas: subir impuestos, reducir el gasto, combatir la evasión, vender activos, endeudarse menos, revisar subsidios. Con el tablero lleno, haría una pregunta incómoda: ¿estamos resolviendo el problema correcto?

El déficit importa, pero es el resultado de una ecuación sencilla: durante demasiado tiempo se gasta más de lo que se recibe. Por eso, tras discutir el gasto, cambiaría la pregunta: ¿y si Colombia creciera al 5% anual?

Pensemos en el PIB como el sueldo de Colombia. Técnicamente no lo es, pero la analogía ayuda. Imagine una persona que gana cinco millones de pesos al mes y gasta seis. Puede vender algún activo o endeudarse, pero eso no resuelve estructuralmente el problema. También debería preguntarse: ¿cómo paso de ganar cinco millones a siete?

Crecer sostenidamente al 5% exigiría transformar nuestra capacidad productiva. Organizaría la discusión alrededor de siete anclas del crecimiento.

La primera sería la inversión privada. Los países crecen cuando alguien decide arriesgar capital: una fábrica, un hotel o un startup nacen de alguien que cree en el futuro.

La segunda, la productividad: producir más valor con los mismos recursos. Educación pertinente, inteligencia artificial, infraestructura, logística, innovación y formalización deben estar en esa agenda.

La tercera, las exportaciones. Una empresa que quiere crecer no puede limitarse al mismo mercado; los países tampoco. Agroindustria, turismo, software, servicios profesionales, manufacturas especializadas, salud y energía son opciones. Exportar obliga a competir, y competir obliga a mejorar.

La cuarta, energía competitiva, como fuente de productividad, inversión y exportaciones. Ahí está Ecopetrol, que debería evaluarse con criterios de eficiencia, creación de valor, agilidad e innovación.

La quinta, un Estado sostenible y productivo. La pregunta no es solo su tamaño, sino qué debe hacer bien y qué puede dejar de hacer: ¿cuánto valor público obtenemos por cada peso que gastamos? Habría que revisar lotes improductivos, activos sin propósito estratégico y participaciones estatales. Pero con una regla clara: vender patrimonio para financiar gasto corriente es como vender la casa para pagar el mercado. Resuelve el mes, no el problema.

La sexta, una revolución agroindustrial apoyada en ciencia y tecnología. Los recursos de ciertos activos podrían ir a investigación agrícola, riego, genética, vías terciarias y transferencia tecnológica. La pregunta pasaría de cuánto producimos a cuánto valor agregamos.

La séptima, la confianza para atraer capital. El capital colombiano que hoy está fuera y la inversión extranjera llegarían si encuentran rentabilidad, reglas previsibles y seguridad jurídica.

Cerraría con una última pregunta. Si el PIB es, pedagógicamente, el “sueldo” de Colombia, controlar los gastos es indispensable, pero una estrategia nacional no puede terminar allí. ¿Qué tenemos que hacer para aumentar ese sueldo?

Quizás la conversación que necesitamos no sea solamente cómo repartir mejor el PIB que ya tenemos, sino cómo construir el PIB que todavía no tenemos.

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Crecimiento económico - Déficit fiscal - Subsidios - Energía - Exportaciones - Productividad