Analistas 21/10/2026

Costa Rica: revolución en salud

Jorge Iván Gómez Osorio
Profesor del Inalde Business School
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Imaginemos una mañana cualquiera en un pequeño pueblo de Costa Rica durante los años setenta. Un trabajador de salud camina de casa en casa con las fichas de las familias. No atiende emergencias; su trabajo es más sencillo: conocer cómo viven, comprobar si los niños están vacunados e identificar problemas de salud antes de que se agraven. Nadie celebraba aquellas visitas, pero estaban sembrando una transformación extraordinaria.

Hoy Costa Rica tiene una esperanza de vida de 81 años, frente a los 77,9 de Colombia, según el Banco Mundial. Tres años parecen poco en una estadística, pero no para hijos y nietos.

En una escuela de negocios, los participantes atribuirían la diferencia a hospitales, tecnología y presupuestos. Entonces escribiría en el tablero otro dato: según la Ocde, Costa Rica destina a salud 6,8% de su PIB y Colombia, 8,1%. Esto no prueba cuál sistema es más eficiente, pero plantea una pregunta que los directivos conocemos bien: ¿estamos convirtiendo nuestros recursos en los resultados que esperamos?

La respuesta está en aquellas visitas. Costa Rica entendió temprano que mejorar la salud no consistía solo en construir hospitales, sino en atender a las personas antes de que enfermaran gravemente. En los años noventa fortaleció esa estrategia mediante los Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (Ebais), asignados a comunidades definidas.

Pensemos en alguien de 60 años con hipertensión sin diagnosticar. Un sistema concentrado en urgencias la descubriría tras una complicación; un equipo que conoce a su comunidad y promueve controles puede detectarla a tiempo.

Un estudio publicado en 2024 en el Journal of Health Economics encontró que, nueve años después de abrir centros de atención primaria, la mortalidad ajustada por edad era cerca de 13% menor entre la población atendida, sobre todo entre adultos mayores y enfermos crónicos. Esta historia deja tres enseñanzas para Colombia.

La primera: las grandes transformaciones requieren continuidad estratégica. Costa Rica no avanzó con una campaña ni con una reforma de un solo gobierno, sino construyendo instituciones durante décadas.

La segunda: prevenir también es ejecutar. En las organizaciones reconocemos al directivo que resuelve una crisis, pero pocas veces a quien la evita. Inaugurar un hospital produce fotografías y titulares; evitar un infarto con un diagnóstico oportuno pasa inadvertido. ¿Cuál vale más para esa persona y su familia?

La tercera: las estrategias deben llegar hasta las personas. Una política pública produce resultados cuando alguien la convierte en acciones concretas. No bastaba con diseñarla desde San José: había que llegar a los barrios y tocar puertas.

Costa Rica también tiene listas de espera y otros desafíos. Su experiencia no demuestra que tenga un sistema perfecto, sino que ciertas decisiones, sostenidas en el tiempo, pueden cambiar la trayectoria de una sociedad.

En la propuesta de cinco metas para Colombia 2030, deberíamos aspirar a una esperanza de vida de 80 años, aunque la longevidad también depende de educación, alimentación, seguridad y economía.

¿Cuántas muertes evitables podríamos prevenir si organizáramos mejor nuestras decisiones y recursos? Quizás la mayor lección es que la revolución de la salud no comenzó en la urgencia de un gran hospital, sino mucho antes, cuando alguien decidió tocar la puerta de una familia.

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