Los marcos fiscales de mediano plazo son profundamente frágiles, y sus hombros no pueden soportar el enorme peso que se les ha puesto encima. Se les exige que sean la guía de decisiones de política pública que tienen enormes consecuencias en las condiciones de vida de las personas, y en el desarrollo de la economía.
La debilidad de los marcos fiscales tiene dos causas. Una, es el desconocimiento de la incertidumbre. Y, la otra, la obsesión por las reglas.
A los seres humanos nos queda difícil aceptar que frente al futuro no sabemos. Y para compensar el desconcierto individual se les pide a los gobernantes que prefiguren el mañana. Esta tarea, que tranquiliza la conciencia, la cumple el Ministerio de Hacienda con los marcos fiscales. Sus proyecciones tienen una función tranquilizadora, similar a la de los sacerdotes cuando le anunciaban a su comunidad los mensajes del oráculo. La sociedad pide que alguien informe sobre lo que pasará en el futuro. Los ministros de hacienda comunican con solemnidad lo que sucederá desde hoy hasta el 2037. Y sobre estos imaginarios se diseñan las sendas de convergencia, y los ajustes al déficit.
Es interesante constatar la confianza que se sigue teniendo en las proyecciones a pesar de que nunca aciertan. Y es lógico que se equivoquen porque el mundo es incierto, y las interacciones multicausales llevan a que Trump no tenga la más mínima idea de cuándo terminará la guerra en Irán.
Estos días se han presentado dos errores de predicción que deberían llevar a reflexionar sobre la necesidad de cambiar de manera sustantiva la metodología de elaboración de los marcos fiscales. Me refiero a las estimaciones sobre el valor del dólar y el precio del petróleo.
En el Marco Fiscal del 2025, hace apenas un año, se estimó para el 2026 un dólar a $4.408. Hoy está a $3.176. El error de predicción fue de 30%. Se afirmó, además, que en el 2026 el precio del barril de petróleo sería de US$62,3. Hoy está alrededor de US$85. El error de predicción es 36,4%. Estas dos variables son importantes porque tienen un impacto directo en la balanza comercial, en los ingresos del Estado, en el volumen de la deuda. Claramente, el Marco Fiscal del 2025 no se está cumpliendo. Tampoco se acertará en las previsiones del Marco Fiscal del 2026.
Y los errores tienen una explicación muy simple: no se pueden construir funciones de probabilidad porque los eventos son únicos. Petro es irrepetible, lo mismo que Trump, Putin y Netanyahu. Y la combinación de las acciones de todos ellos resulta en hechos absolutamente inimaginables.
Y la segunda razón de la debilidad de los marcos fiscales, es la obsesión por las reglas, especialmente por la regla fiscal, que se anida en la fragilidad sustantiva de proyecciones que nunca se cumplirán.
En lugar de las reglas se debería volver al análisis discrecional. No se puede afirmar que el manejo discrecional sea irresponsable. Su tarea es examinar las proyecciones con un escepticismo razonable. Cualquiera que sea el marco fiscal, apenas es uno de los relatos posibles sobre el futuro. El propósito del marco fiscal no debería ser el de imponer una ruta de acción, sino el de ilustrar, de manera ordenada, una conversación que ayudará a tomar decisiones razonables, dado un conjunto de información que siempre será limitado. Los marcos fiscales son frágiles, como lo es cualquier relato que imagina el mundo futuro.