¡Se perdió la brújula! La decisión del gobierno de declarar insubsistente a Ricardo Valencia, director del Dane durante tres semanas, le ha hecho un daño enorme a la reputación institucional, que no se solucionará en estos cuatro años. El mal ya se hizo. Y no se podrá corregir porque el mensaje gubernamental ha sido contundente: no se admitirán estadísticas que no tengan, de una u otra forma, el visto bueno del presidente.
Las últimas administraciones del Dane han sido juiciosas, y le han dado credibilidad a la institución. Una vez que se anuncia el dato del PIB, de la pobreza, de la inflación, del mercado laboral…, los especialistas discuten las razones que pueden explicar el resultado, pero no se pone en cuestión el dato. Más allá de los perfiles individuales de cada director, la entidad ha ganado prestigio. Piedad Urdinola estuvo durante todo el periodo de Petro. Hizo las ruedas de prensa que consideró necesarias, sin ninguna censura, y presentó las cifras sin importar la posición del presidente. De manera similar, Juan Daniel Oviedo, junto con Ricardo Valencia como subdirector, realizó una excelente gestión. Cuando terminó su periodo escribí una columna que titulé “La brújula”, reconociendo la labor técnica que habían realizado.
Todas las metodologías son discutibles. Cualquier medición tiene supuestos que se pueden criticar, pero existen estándares internacionales que el Dane ha respetado, y que permiten garantizar la razonabilidad del dato. La información sobre empleo que publica el Dane se pueden contrarrestar con el Pila. Es legítimo hacer esta comparación, pero como quedó claro en los últimos meses, las dos metodologías son diferentes, y no invalidan la tendencia decreciente del desempleo. La medición está bien hecha.
Es difícil concebir un Dane que modifique la cifra por razones políticas, y que maquille el dato para complacer al presidente. Sería desastroso que el nuevo Dane, bajo la mirada de esta administración, comenzara a informar variaciones del PIB compatibles con el sueño gubernamental de crecer al 6%.
Las cifras distorsionadas le hacen daño a la sociedad y al propio gobierno. La decisión que ha tomado De la Espriella crea un vacío profundo, que es irremediable. A partir de este momento todos los reportes del Dane serán sospechosos. La nueva dirección de la institución está viviendo una situación muy incómoda, ya que en cualquier momento el gobierno podrá ejercer la censura.
La prohibición de las ruedas de prensa es un grave error. Además de informar, son un momento pedagógico importante. Es una oportunidad para explicarle a los periodistas y a la ciudadanía, el contexto de cada resultado. Los boletines son insuficientes, y jamás reemplazarán el diálogo directo con la prensa.
Bastó un solo hecho, absolutamente equivocado, para destruir una reputación y un prestigio que el Dane construyó durante años, a partir de un trabajo sistemático y responsable. La destitución de Ricardo Valencia es un insulto a a la institucionalidad, y a las personas que la han hecho posible. Los años de trabajo de campo de los encuestadores, y las reflexiones cuidadosas de estadísticos y analistas, han sido despreciadas.
El mandatario que pretende imponer su verdad destruye los cimientos básicos de cualquier democracia. El ciudadano tiene derecho a una información que sea confiable, y esta exigencia mínima no será posible durante los próximos años. Con indignación no nos queda más remedio que gritar: ¡nos arrebataron la brújula!