Analistas 19/06/2026

Un fracaso nacional

Jorge Iván González
Profesor de U. Nacional y Externado

Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es eliminar la pobreza extrema. Esta meta se debe cumplir en 2030. Se trata de “erradicar para todas las personas y en todo el mundo la pobreza extrema”. En los tres años que faltan, Colombia no logrará este propósito. Esta lucha contra la pobreza ha sido un fracaso.

En Colombia, la línea de pobreza extrema es $236.580 mensuales por persona. Es el valor de una canasta básica de alimentos. Es la frontera del hambre y la desnutrición.
No se entiende el optimismo del gobierno nacional y de varios alcaldes con los resultados que acaba de publicar el Dane. De acuerdo con el dato de 2025, en el país hay 4,9 millones de personas en pobreza extrema. Una cifra superior a la observada en 2017, cuando el número era 4,7 millones. En lugar de disminuir, la pobreza ha aumentado. En un país riquísimo como Colombia, estos resultados son inaceptables.

Desde el siglo XIX, los economistas han dicho que es posible acabar con la pobreza, que en el mundo no debería haber ninguna persona con necesidades básicas insatisfechas. Este objetivo, decía Keynes en 1930, se podrá alcanzar en 2030, cuando todos los individuos podrán ejercer su libertad real y podrán vivir “sabia y agradablemente bien”. La sociedad habrá ofrecido las condiciones necesarias para que la persona pueda llevar el tipo de vida que considera valioso. El sueño de Keynes, como el de los ODS de Naciones Unidas, no se cumplirá. En el planeta Tierra abundan los pobres.

Entre 1985 y 2015, en 30 años, China sacó de la pobreza extrema a 800 millones de personas. ¡Es posible lograrlo! La miopía de quienes cantan victoria se explica porque solamente están observando lo que ha sucedido después de la pandemia, cuando los pobres extremos llegaron a 8,4 millones. Es evidente que en estos años la cifra se ha reducido, pero la situación es peor que en 2017 y es inaceptable frente a los compromisos de los ODS. Sin duda, en la pandemia la situación era peor, pero los avances logrados todavía son modestos. Una de las dificultades que se han presentado, y que no permiten avanzar más rápido, es la falta de coordinación entre la Nación y los gobiernos de las ciudades y de los departamentos. Los gobiernos locales tienen un papel muy importante en la lucha contra la pobreza.

Preocupan, además, las brechas tan escandalosas que existen entre las ciudades. En el conjunto del país la incidencia de la pobreza extrema es de 9,6%. En las áreas urbanas es de 6,9%. Y en las zonas rurales es de 19,1%. La mejor ciudad es Manizales, con una incidencia de 2,5%, y la peor es Quibdó, con 32,5%. Habría que explicar por qué razón, en una región riquísima como el litoral Pacífico, el ingreso de la tercera parte de la población está por debajo de la línea de pobreza. Esta es la expresión de una falla estructural en el modelo de desarrollo. No se ha logrado convertir la riqueza en bienestar para la mayoría de la población.

El fracaso nacional es doble. Por un lado, la pobreza extrema se mantiene y, en el mediano plazo, no baja. Y, por el otro, no se dan pasos que efectivamente permitan reducir las brechas. Las diferencias continúan incrementándose.

El primer paso para transformar la situación actual es reconocer que el país va mal. No tiene sentido cantar victoria. El paso siguiente es aceptar que la eliminación de la pobreza es una meta alcanzable. Y mucho más en un país rico como Colombia.

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