¿Primero las damas?
Dentro de los grupos de activistas que resuenan en contra de la revolución industrial generada por la IA, hay uno que brilla por su ausencia: el de las mujeres. Sí. Por mucho menos, históricamente a las mujeres se les ve arengando, congregándose y apoyándose en las calles de las capitales del mundo, haciendo puestas en escena que develan las luchas que han tenido que sobrevivir para ocupar los espacios que hasta hoy han logrado. No obstante, desde hace algunos meses me vengo preguntando: ¿por qué tan calladas frente a la IA? ¿Generará la gran disrupción materializada por la IA un retroceso en los espacios que la mujer ha logrado en el mundo laboral? ¿O no?
Una narrativa ya trillada diría que no serán reemplazados los humanos por la IA, serán reemplazados por los que sí usan la IA, y en esta no habría discriminación de género. Entonces, la invitación es al análisis desde la racionalidad económica y de la economía industrial, puesto que la IA reemplaza primero el trabajo cognitivo repetitivo y estandarizable, y es allí donde las mujeres se han destacado y han logrado espacios a pulso y con política en las últimas décadas.
Veamos la práctica. El universo laboral se puede dividir en dos líneas: los empleos de cuello blanco y los de cuello azul. Los primeros están siendo reemplazados de forma exponencial por la automatización impulsada por inteligencia artificial, principalmente tareas de análisis, contabilidad, administración, soporte corporativo, marketing, recursos humanos, servicio al cliente, redacción, coordinación operativa, funciones legales, asistentes ejecutivos y múltiples capas intermedias de gestión empresarial. Precisamente esos son los sectores donde, durante años, se concentró gran parte del crecimiento profesional femenino. De otra parte, los segundos, los de cuello azul, a saber: construcción, infraestructura, operación física, logística pesada, mantenimiento técnico y oficios manuales, por ahora siguen requiriendo presencia humana y continúan siendo ocupados de forma casi exclusiva por hombres.
Siguiendo el pragmatismo, lo que la IA está generando es una hipereficiencia que, bajo los principios del capital, lograría una contracción en los datos de empleo. Por ende, resulta consecuente que se develen mayores pujas por este en los próximos años. Así, la pregunta se replantea. Atendiendo a la racionalidad económica, ¿quiénes obtendrán más posiciones en el universo de empleo ofertado en los próximos años, los hombres o las mujeres?
En el mundo, las políticas de inclusión laboral apoyadas en mercados laborales expansivos han tenido un objetivo claro en las últimas décadas: incorporar más mujeres al mundo corporativo. Cuotas de género, programas de liderazgo femenino, presión regulatoria y agendas ESG han transformado de forma progresiva la composición de las empresas modernas. Hasta hace poco, las mujeres eran consideradas igual de capaces que los hombres y, en algunos escenarios, incluso más. No obstante, la IA llega a reducir los costos marginales de procesamiento de información, alineándose con los principios del capitalismo que buscan la eficiencia, la reducción de costos y la escalabilidad. Y es allí donde el género femenino debe analizar su competitividad de cara a las nuevas herramientas tecnológicas y al sistema económico de mercado.
Si el universo de posiciones corporativas se contrae por efecto de la automatización, la competencia por esos cargos será más agresiva. Y eso impactará directamente las políticas de diversidad que dependen de que existan suficientes posiciones para distribuir. La IA no amenaza solamente empleos. Amenaza la arquitectura institucional de inclusión, tema que raya ya con la política económica de las naciones.
El análisis se vuelve más incómodo cuando se mira desde los incentivos empresariales. Las compañías no contratan por activismo; contratan por maximización de utilidades. Y un sistema de inteligencia artificial no solicita vacaciones, licencias de maternidad, prestaciones sociales ni horarios especiales. ¿A qué género premiará el sistema capitalista bajo el doping que propone la implementación efectiva y masiva de la IA? ¿Será entonces consecuente con la humanidad un modelo económico de renta básica universal?
Así, creo que el debate debería abrirse de forma masiva a todas las agendas y todos los foros en donde la mujer hoy se aplaude y es aplaudida por los espacios adquiridos.