Al cierre de este cuatrienio legislativo, me queda, más que nunca, la tranquilidad del deber cumplido con Colombia y con quienes me han respaldado.
Me acompaña el orgullo de haber actuado siempre bajo el amparo de la Constitución y las leyes, tanto en mi curul como desde las dignidades que asumí, entre ellas la presidencia del Senado de la República en 2014. Veinte años de trayectoria política son mi testimonio y mi mejor carta de presentación.
Legislar para un país tan diverso y desafiante como Colombia nunca es fácil, pero es ahí donde se miden los resultados. Desde mi curul, me propuse sacar adelante iniciativas que hoy impactan el desarrollo sostenible y la salud pública.
Fui autor y ponente de las leyes de Energías Limpias y de Transición Energética, herramientas clave para modernizar nuestra matriz energética. Ese mismo compromiso guió las leyes de Acción Climática y de Plásticos de un Solo Uso, al igual que la Ley Antitabaco y la reciente regulación de los vapeadores. Más que normas aprobadas, estas leyes son un legado vivo que ya beneficia a los ciudadanos y construye un país más saludable y en armonía con su entorno.
El Congreso de la República fue para mí el doctorado en política más exigente y desafiante que se puede cursar en Colombia. De estos años me llevo el aprendizaje de las regiones y la certeza de que construir consensos en democracia es tan complejo como necesario. Mi apuesta siempre fue sumar, no dividir.
Siempre he creído que el servicio público solo tiene sentido si se traduce en oportunidades reales y en bienestar para la gente; a eso dediqué y seguiré dedicando mis esfuerzos.
Mi gratitud eterna para mi familia, para quienes depositaron su confianza en mí una y otra vez, y para los profesionales y equipos de trabajo con quienes tuve el privilegio de construir iniciativas que hoy generan impacto y transformación. También para mis colegas, incluidos aquellos con quienes tuve profundas diferencias, porque el debate con respeto es la verdadera esencia de la democracia. Pero, sobre todo, gracias a las comunidades: ellas me enseñaron que la política se trata de servir sin condiciones y con talante.
Termina una etapa en el Congreso, pero no mi compromiso con el país y con los colombianos. Seguiré en las regiones, aportando desde nuevos espacios, escuchando a la gente y defendiendo las causas de toda mi vida. Mi norte sigue siendo innegociable: la protección de las familias, el cuidado del medio ambiente y la obsesión por construir una Colombia más justa, unida y con oportunidades para todos.
Los principios que defendí, las causas que impulsé y la coherencia de todos estos años son los que hoy me permiten mirar al futuro con total serenidad, gratitud y satisfacción. Una vez más reafirmo lo que siempre he creído: la política tiene sentido si se hace con integridad y pensando en el bien común.
Por eso mantengo una fe inquebrantable en Colombia, en la capacidad de nuestra gente para superar cualquier tormenta y en la solidez de nuestras instituciones para construir el país que merecemos.