Analistas 11/04/2026

El Niño que nos deja contra las cuerdas

José David Name Cardozo
Senador de la República

La inadecuada planeación energética que históricamente ha llevado al país a paliar severos episodios de escasez vuelve a dejarnos en vilo ante el anuncio de la posible llegada de un súper fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026.

Entre proyectos que no avanzan, la negativa a firmar nuevos contratos para la exploración y explotación de hidrocarburos y la falta de previsión de años, el sector eléctrico colombiano está contra las cuerdas y sin una clara política pública que permita atender con solidez una eventual temporada de sequía extrema.

Estamos ante un escenario climático crítico. El Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos (Ecmwf) ya advierte que el fenómeno de este año podría romper récords de intensidad. Los modelos apuntan a octubre como el mes crítico, con un calentamiento del Pacífico que llegaría a los 2,5 °C, una cifra que nos sitúa en el terreno de los eventos extremos.

Para Colombia y la región, esto se traduce en una sequía severa que pondrá a prueba nuestras reservas de agua, la producción de alimentos y la resistencia de todo el sistema energético. El panorama es complejo y los frentes de batalla son demasiados.

No solo estamos produciendo menos gas y dependiendo más de las importaciones, sino que el sistema está asfixiado por una tormenta perfecta: comercializadoras en quiebra, la deuda de la opción tarifaria que no deja de crecer y unas redes de transmisión al límite. Si a esto le sumamos proyectos de energías renovables estancados y muchas trabas normativas, el resultado es un sector energético en la cuerda floja.

Depender tanto de las lluvias es nuestra mayor debilidad. Si un fenómeno de El Niño extremo nos golpea ahora, con la demanda de energía subiendo, los embalses se irían a pique en tiempo récord. Esto nos dejaría en una encrucijada peligrosa: depender de las térmicas, que son carísimas y contaminantes, o enfrentar el fantasma del racionamiento.

Al final, el golpe más duro lo sentirán los colombianos en sus facturas. Anticiparse hoy a los fenómenos meteorológicos que se avecinan es vital si queremos evitar los mismos cuellos de botella que padecimos en la sequía de 2015 y garantizar que el sistema no colapse bajo la presión del clima. La prioridad hoy es acelerar los proyectos de energía limpia que siguen pendientes. Estamos en un punto en el que la planeación debe ser inmediata y coordinada entre el sector público y privado.

Además, el ahorro de recursos no debería ser algo que solo recordemos en tiempos de crisis. Si no logramos que el uso eficiente del agua y la energía sea una política permanente, seguiremos dependiendo de la suerte cada vez que deje de llover.

No podemos permitir que cada crisis climática termine siendo un negocio para unos pocos a costa del bolsillo de los ciudadanos. Ese círculo vicioso de reaccionar tarde, encarecer los servicios y luego caer en el olvido tiene que romperse ya. La planificación energética y la gestión del agua deben dejar de ser medidas de choque para convertirse en una garantía de equidad

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