Tribuna Parlamentaria 21/03/2026

En deuda con el agua

José David Name Cardozo
Senador de la República

Mañana se conmemora otro Día Mundial del Agua, con una dolorosa realidad que nos golpea: el paso del tiempo ahora se está midiendo por la intensidad de los eventos climáticos que enfrentamos. Con fuertes sequías que se alargan y lluvias que lo inundan todo, la naturaleza nos está pasando la cuenta, recordándonos que el agua es un bien frágil y vital, hoy en grave riesgo.

Aunque este primer trimestre del año nos ha dejado bajo el agua, con inundaciones en medio país, no hay que engañarse: estas lluvias no son señal de abundancia, sino del profundo desequilibrio de nuestros ecosistemas. De un momento a otro, podemos pasar de la emergencia por exceso a la parálisis por falta de gestión. Con la reciente advertencia del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) sobre un posible fenómeno de El Niño para el segundo semestre de 2026, el riesgo es volver a la reacción tardía. Y es que el impacto de la escasez de agua lo vivimos, de manera extrema, cuando este tipo de fenómenos climatológicos arrecian en el territorio nacional.

En Colombia, cada sequía se siente más como una bofetada que como un fenómeno natural. Es el recordatorio de una deuda que no paramos de acumular: seguimos desperdiciando y contaminando el recurso hídrico como si el grifo nunca se fuera a cerrar. Mientras nos quedamos en promesas y soluciones de escritorio, el agua, sencillamente, se nos escapa de las manos.

La falta de lluvias afecta en mayor medida a las poblaciones más vulnerables, que padecen la escasez de agua y la inseguridad alimentaria. Un claro ejemplo es La Guajira, que, debido a la carencia del preciado líquido, se mantiene en una crisis humanitaria sistémica que recrudece la pobreza extrema y los problemas de salud. Año tras año, seguimos atrapados en los extremos sin resolver lo básico: cómo administrar el recurso de forma inteligente.

El acceso al agua potable sigue siendo un gran privilegio de pocos, a pesar de ser un derecho de todos. Mientras Naciones Unidas reporta que en el mundo 884 millones de personas no tienen acceso a agua potable segura, en Colombia la brecha se mantiene amplia, con 5 millones de personas -la mayoría en zonas rurales y comunidades vulnerables- que siguen esperando que el Estado cumpla la promesa de llevarles agua. Esta crisis humanitaria refleja la enorme desigualdad en la distribución de los recursos, así como la falta de planificación, inversión y cuidado de los ecosistemas que sostienen la vida.

Colombia vive bajo la falsa seguridad de ser una potencia hídrica. Estar entre los nueve países con más agua del mundo no nos sirve de nada si el desabastecimiento ya nos pisa los talones. Proteger nuestras fuentes no es una opción ni un favor que le hacemos al planeta; es una necesidad urgente que debemos atender a diario.

La Nación y sus regiones tienen una deuda enorme con el agua. Necesitamos políticas de mitigación que se sientan en el territorio, no solo en los papeles, junto con una pedagogía que nos enseñe a todos a proteger y cuidar nuestras fuentes hídricas. Sin una gestión responsable hoy, mañana simplemente no habrá recurso que administrar.

TEMAS


Análisis - Agua - Aguas lluvia