Tribuna Parlamentaria 05/06/2026

La solidez del sistema electoral

José David Name Cardozo
Senador de la República

Hay momentos en los que cuidar la democracia deja de ser un debate ideológico y pasa a ser una obligación ciudadana. Nos encontramos en ese límite justo cuando la crispación y el insulto arrinconan la sensatez. Buscar culpables sin pruebas o basar la política en el choque constante no fortalece a nadie; al contrario, carcome la confianza en las instituciones y destruye los puentes del diálogo. Si convertimos la discusión pública en un ring de boxeo, perdemos la oportunidad de debatir lo que de verdad importa y escuchar las propuestas que el país necesita conocer para elegir correctamente.

Después de más de medio siglo de conflicto armado, Colombia mantiene en pie un logro que pocos países pueden mostrar: una tradición democrática que, aun con sus grietas, ha garantizado la alternancia en el poder y el respeto al voto. Nuestro sistema electoral lleva décadas bajo la lupa de partidos, testigos, entes de control y veedores internacionales. La Registraduría y el Consejo Nacional Electoral han demostrado que los resultados en las urnas no dependen de caprichos ni de intereses de turno, sino de reglas claras y procesos auditables.

La narrativa del “fraude anticipado”, promovida durante meses por el Ejecutivo, encontró su excusa perfecta en los resultados electorales del pasado domingo. Con sus cuestionamientos infundados, el presidente no solo desafió la institucionalidad, sino que desvió la discusión de las urgencias reales del país: la seguridad, el empleo, la educación y las oportunidades que millones de colombianos siguen esperando. Polarizar el debate atacando a la Organización Electoral, que tuvo un desempeño impecable, no fortalece la democracia. Al contrario, la debilita al sembrar sospechas sin fundamento sobre las mismas instituciones que siempre han garantizado que el voto de la gente se respete.

En una democracia madura, los reclamos y las inconformidades tienen caminos claros: canales legales, recursos institucionales y mecanismos de revisión. Lo que no puede volverse una costumbre es la pataleta de cuestionar el sistema cada vez que los resultados no favorecen a un sector político. Ese camino no nos lleva a una democracia más sólida, sino a un país atrapado en la desconfianza, con instituciones cada vez más débiles y vulnerables al desprestigio.

Hay que reconocer y defender el papel de la Registraduría, de los miles de jurados de votación, de los jueces y de organismos de control como la Procuraduría. Su tarea fue asegurar que cada voto contara de manera transparente e imparcial. Este engranaje institucional, del que también hace parte el CNE como autoridad de vigilancia, demuestra que nuestro sistema electoral es maduro y confiable. Estas entidades son, al final del día, el pilar que sostiene nuestra democracia y la salvaguarda de la voluntad popular.

El proceso electoral es un patrimonio de todos los colombianos y defender su legitimidad es un deber ciudadano. Al presidente le corresponde el mínimo democrático: honrar y respetar la voluntad expresada en las urnas. A los candidatos y a los partidos les toca dejar atrás ese lenguaje incendiario que ya ha manchado demasiadas campañas, y asumir un debate con argumentos y altura. Fortalecer la democracia no es un asunto de discursos; es tramitar las diferencias bajo las reglas del juego y por la vía institucional, pensando de verdad en el país.

TEMAS


Elecciones presidenciales - Iván Cepeda - Abelardo de la Espriella - Gustavo Petro